Para casi todos nosotros es tan importante el Entroido que nos toca vivir estos días, que podríamos definirlo como poliédrico por su infinidad de caras, pudiendo decir que todas ellas son interesantes, atractivas y seductoras. Quizás para uno, por ir cumpliendo años, las más vitales van dando paso a las más accesibles para un hombre maduro, como el buen sentido se encarga de recordarle con frecuencia. Y al final has de quedarte con lo que te resulte más agradable y tolerable físicamente. La gastronomía en el Carnaval tiene una enorme riqueza por transgresora y variada y por lo que tiene de ancestral. Se trata del paso previo a la obligada abstinencia de nuestra cultura cristiana. Podríamos pecar de gula pues ya se haría penitencia después con las purificaciones Pascuales y de Semana Santa. El rey incuestionable de tal festival gastronómico es, sin duda, el cocido. No describiremos aquí, por innecesario, todos sus ingredientes, salvo señalar el lacón y demás partes nobles del innoble cerdo, y todo ello regado con buen vino mencía de la Ribeira Sacra o Valdeorras que ayudará a la ingesta. De postre orejas y filloas acompañadas de orujo, hierbas y buen licor café.
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