Baltar se hizo con las riendas del PP desde la retaguardia de Centristas y acabó poniendo contra las cuerdas al propio Fraga
16 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Al PP ourensano le pasa como a las ancestrales disputas por las leiras: el clamor soterrado que recorre el cuerpo le pide desenterrar las viejas reyertas ideológicas, que en el fondo no eran tales sino una lucha por cuotas de poder entre iguales, que sobreviven en el subsuelo de la militancia. En la resaca del acto reflejo posterior al anuncio de la decisión de Baltar de no concurrir al próximo congreso del PP como candidato no son pocos los que aún se mueven en la dicotomía Centristas-Populares. La próxima desaparición de Baltar como presidente del PP pondrá fin a las viejas rencillas alimentadas tras una fusión mal digerida, es decir, lo que para algunos fue una rendición con armas de Centristas de Galicia al enemigo.
Golpe de timón
El PP, primero como AP en la etapa de Fernández Albor y después ya como PP en la de Fraga, ostentaba la hegemonía política en la época autonómica en Galicia con una sonada excepción: Ourense, donde los Centristas que lideraba Victorino Núñez eran mayoría y consiguieron catapultar a éste a la presidencia del Parlamento gracias al pacto que dio a Fraga la presidencia de la Xunta. Pero la resistencia fue efímera y en septiembre de 1.991 se llegaba a un acuerdo con el PP y se celebraba el congreso de disolución de Centristas de Galicia.
A partir de ahí el alcalde de Nogueira y reciente presidente de la Diputación, Baltar, sustituyó a Victorino Núñez. En 1990 inició una imparable carrera política que se caracterizó por una calculada estrategia para ir relegando a sus contrincantes y a los que hasta la fecha fueran los hombres fuertes del PP -antes de AP-. En 1.991 Fraga sacrificó a su hombre de confianza, Tomás Pérez Vidal, para poner en manos de Baltar la presidencia del PP en la provincia. El ex conselleiro de Agricultura siguió ocupando plaza en el Parlamento, aunque su influencia en la provincia se fue esfumando de forma inversamente proporcional al creciente protagonismo de Baltar (en 1.997 Pérez Vidal y Núñez fueron relegados de las listas autonómicas).
Formando un equipo perfecto en lo político y en lo personal, el tándem Baltar-Cuíña le dio excelentes resultados al ourensano: Victorino Núñez también vio como su protagonismo fenecía, al igual que le pasó al resto de los cargos que en algún momento de su carrera despuntaron o se posicionaron en contra de las directrices del presidente, que se hizo invencible a base de una tupida red de estrechas relaciones con los alcaldes.
Fraga, Rajoy y Feijoo
En el declive de Fraga, y en un órdago a la grande, Baltar tuvo contra las cuerdas al presidente de la Xunta y al PP en septiembre de 2.004, al reclamar más poder en el Ejecutivo para Ourense. Rajoy puso entonces en el punto de mira a Baltar, pero la pérdida de la Xunta le impidió forzar la renovación en la provincia. La sucesión de Fraga también fue un conflicto para el ourensano, alineándose con Cuíña y rechazando a Feijoo. Con todo, Baltar ha resistido todos los embates y ningún político ha conseguido forzar su relevo. Alguno de los que tienen las claves de su decisión dice que la persona que lo ha conseguido nunca se ha presentado a las elecciones.