Pilar y Mercedes son dos enfermeras de hoy con historias muy diferentes. La madre tuvo que luchar contra los estereotipos y la hija lo hace contra el paro
02 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Pilar Egea siempre quiso ser enfermera. Mercedes Valcárcel, también. A la madre de Pilar la idea no la hizo precisamente feliz. A la de Mercedes le preocuparon muchas cosas, pero se alegró de que su hija siguiese el camino que ella comenzó con una clarísima vocación hace ya 35 años.
Pilar Egea Rodríguez (Venezuela, 1955) es enfermera en los quirófanos del Hospital Materno Infantil de Ourense y su hija, Mercedes Valcárcel Egea, trabaja, con contrato, en las consultas de obstetricia del mismo hospital. Son compañeras y respiran compromiso con su profesión. «Eu sempre quixen ser enfermeira -cuenta la madre-, pero aos meus pais non lles gustaba moito porque daquela era unha profesión moi pouco valorada. Eu fixen bachiller, COU e despois puiden ir á Universidade, pero escollín facer enfermeiría no Hospital provincial. Decidino eu. Eu son enfermeira porque si».
Pilar procede de una familia de maestros, pero ella marcó una inflexión y ahora, además de su hija, varios sobrinos siguieron su camino profesional. Mercedes, su única hija, estudió también Enfermería, pero ya lejos de los históricos pabellones de A Lonia. Es diplomada por la Escuela de Enfermería de Ourense.
«Por que o escollín? O exemplo da miña nai influime», admite. Huérfana de padre, cuando Pilar trabajaba los fines de semana, sus abuelos la llevaban al hospital para que pudiese verla. Por la semana, comenta con algo de lamento la madre, «tíñaa mediopensionista no colexio porque eu, como tiña quendas, non podía atendela sempre».
Los turnos, lo peor
Los turnos son la lacra de un trabajo como el de enfermería, al menos desde el punto de vista de la familia. Era el principal sentimiento negativo que tenía Pilar cuando su hija le informó de que había decidido diplomarse.
«De primeira intención non me pareceu ben -recuerda la madre-; por un lado gustábame pero, por outro, é unha profesión moi sacrificada na que non tes festivos coma os demais, nin domingos, traballas polas noites... Non podes levar a regularidade dunha familia normal, é un pouco desbaratada».
Para Mercedes eso no fue un problema importante. En realidad, ni siquiera tenía conciencia de esa dificultad. Para ella, simplemente, era normal. «E cando empecei -comenta ahora, nueve años después- non me arrepentín en absoluto. Nos primeiros contratos estaba en cirurxía e estaba tan contenta de ver que a xente melloraba e se recuperaba que eu dicía: e inda encima páganme por isto?».
Comparar el antes y el ahora de la profesión es muy fácil con Pilar y Mercedes. La experiencia personal de cada una es un reflejo magnífico de cómo cambió la sanidad y de cómo cambió la enfermería. «Cando eu empecei -inicia Pilar el relato del antes-, todo era moito máis rudimentario; agora hai moito ordenador, plans preestablecidos, moita máquina. Antes era todo máis manual, agora está máis estruturado».
¿En mejor o es peor? Pilar lo tiene muy claro: «Agora todo é mellor, o único mellor de antes é que eras menos un número, tanto o paciente coma o profesional». Y añade una reflexión para apoyar su tesis: «Para as que somos veteranas, que levamos 35 anos traballando e aínda nos quedan moitos, é inxusto que non se nos teña en conta para prexubiliacións ou para non ter que facer noites porque é un desgaste persoal que inflúe en todo».
«E nós rabeando por traballar», replica Mercedes situándose en el pelotón de las jóvenes. «Claro que agora a de enfermeira é unha profesión moito máis valorada. Ela tívoo moito máis difícil. A min veume dado».