Honorato López Isla recibió ayer el homenaje de un centenar de empresarios valdeorreses que se sumaron al acto organizado por la AEVA y la CEO
30 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Honorato López Isla volvió a demostrar ayer su humildad, su amor por la tierra que le vio crecer y su clarividencia empresarial. Volvió a demostrar, en definitiva, por qué un muchacho procedente de un pequeño pueblo de montaña del interior de Galicia logró alcanzar las más altas cotas en la escalada empresarial. El hombre que ha llevado sobre sí cargos como consejero delegado de Unión Fenosa y vicepresidente primero de la compañía, presidente de la operadora R, presidente de la ADP en la zona Noroeste, miembro del Consejo de Administración de Indra, del Círculo de Empresarios, del Observatorio Empresarial de Latinoamérica, entre otros muchos, era ayer simplemente «un Valdeorrés, con el permiso de los boleses», matizaba.
Y es que a López Isla no se le ha olvidado nunca la tierra que le vio crecer y donde el niño bolés hizo su «primer esfuerzo, que fue adaptarme a unos Valdeorreses que eran muy Valdeorreses y que miraban al bolés preguntándose cómo un bolés podía sacar mejores notas que los valdeorreses», según el mismo recordaba entre las risas de los propios asistentes al acto de homenaje que organizaron la Asociación de Empresarios de Valdeorras (AEVA) y la CEO.
Honorato López Isla, que a la entrada del Pazo do Castro -donde estaba previsto el homenaje- ya confesaba que «últimamente me dan muchos, pero este es especial», insistía en su satisfacción ya ante el centenar de empresarios que acudió a la cita. «Estoy contento. Estoy, de verdad, encantado. No es fácil tener un reconocimiento en tu propio pueblo, y me agrada muchísimo que sea un reconocimiento de los empresarios y en un acto dedicado a los emprendedores», dijo.
Homenajeados de rebote
Y a ellos, los empresarios, dedicó muchas partes de un discurso de agradecimiento, espontáneo y sin guión, en el que también quiso hacer un homenaje a los empresarios que él conoció de niño. Recordó a Domingo Rodríguez «que me costó acordarme de su nombre, porque para todos era O Seixo, como esa piedra dura, él también era la esencia del trabajo, que yo lo veía marcharse a las seis de la mañana con su hermano», o a Ulpiano Rodríguez «que a mí siempre me asombraba, porque tenía ideas, iniciativas y siempre hablaba de mucho dinero, y yo pensaba: no puede haber tantos millones juntos».
López Isla alabó el tesón de esos emprendedores valdeorreses «que a mí me sirvieron de ejemplo» y quiso trasladar ese optimismo «aún en tiempo de crisis» a los presentes recordándoles que detrás de un empresario emprendedor «tiene que haber esfuerzo, trabajo, tesón e incluso generosidad con el sector y conocimiento». Les conminó a no pensar en la ayuda externa exclusivamente «porque la Administración puede ayudar pero quien tiene que sacar las cosas adelante somos nosotros, los empresarios, convenceros de esto».
En el acto, que estuvo presidido por el conselleiro de Industria, Javier Guerra Fernández -quien alabó el espíritu empresarial del homenajeado y su labor al frente de Unión Fenosa- se produjo por parte del vicepresidente de la CEO, Santiago Melo, la entrega de la medalla de oro del colectivo empresarial, y una escultura de Xelo de Tremiñá que gustó especialmente a López Isla: «me hace mucha ilusión, porque Xelo fue compañero mío», explicó.