El último romántico del celuloide

OURENSE

En 1989 se publicaba un reportaje sobre el singular caso del cine de Leiro, que sigue proyectando veinte años después y desafiando todas las crisis de la exhibición

03 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La industria cinematográfica ha experimentado en las últimas décadas todo un aluvión de avances, mejoras y reconversiones que han modificado de forma radical tanto los productos que llegan a la gran pantalla como los sectores que están relacionados con el cine. El de la exhibición ha sido, con diferencia, uno de los más perjudicados. Los sesenta del pasado siglo fueron la época dorada de la exhibición en Galicia, aunque a partir de los 70 fueron descendiendo las salas que proyectaban regularmente y, a partir de ahí, los cierres se sucedieron en cadena hasta dejar sin pantallas las principales villas y municipios de Galicia.

En 1989 La Voz recogía el singular caso de Ernesto Romero García, un vecino de Leiro que transformó su pasión por el cine en su medio de vida. Con 14 años inició su vinculación con el mundo de la exhibición cinematográfica en las dos salas que había en Leiro, trabajando después de proyeccionista en los cines de la cadena creada por Isaac Fraga. En aquel 1989 reconocía que no habría iniciado su aventura empresarial en Leiro de seguir abierto al público como cine el mítico García Barbón, donde Ernesto Romero trabajó y que recordaba como «unha auténtica marabilla».

De la taquilla a la bobina

Ernesto Romero García abría en 1983 el Novocine de Leiro y lo hacía precisamente en un edificio creado específicamente para albergar la sala, con vivienda en la primera planta. En 1989, en una de las crisis más acuciantes de la exhibición cinematográfica, él se las arreglaba para desempeñar todos los trabajos y responsabilidades para hacer realidad el mantenimiento del cine en un pequeño pueblo de apenas medio millar de vecinos, en un municipio de poco más de dos mil habitantes a finales de los ochenta. Ernesto Romero era el empresario, proyeccionista, taquillero, acomodador, contable, encargado de la limpieza y todo lo que fuera menester. Reconocía que no estaban los tiempos para permitirse el lujo de contratar a personal y que, en ocasiones, su hermano le ayudaba en momentos puntuales.

Colección de gramófonos

Con el paso de los años el Novocine ha ido complementando su actividad cinematográfica con otros usos y ante la falta de un espacio cultural o una Casa da Xuventude en Leiro, la sala de Ernesto Romero ha servido para acoger actividades culturales, montajes teatrales y otro tipo de iniciativas.

Ya en aquel lejano 1989 este vecino de Leiro atesoraba una importante colección de gramófonos, viejos discos de vinilo y de pizarra, proyectores, programas cinematográficos y otro tipo de materiales relacionados con el cine, la música y la imagen. Desde entonces ha ido incrementando sus colecciones.

Sigue resistiendo

Dos décadas después, en 2009, el Novocine de Leiro sigue fiel a su cita con los espectadores que apuestan por acercarse a esta pequeña sala y Ernesto Romero se ha ganado la consideración y el respeto de todos los amantes de la gran pantalla, que en ocasiones se acercan hasta el pequeño municipio de O Ribeiro solo para poder disfrutar de la oferta del Novocine y celebrar, de paso, que siga existiendo esta pequeña maravilla. Y Ernesto Romero sigue viviendo su verdadera pasión: el cine.