Los hijos hacían los deberes mientras el padre daba clases de Derecho. Luego fueron estudiantes ejemplares y, hoy, los tres comparten una misma pasión
19 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.A José Manuel Orbán Sousa no le molesta en absoluto reconocer que fue él quien marcó a sus hijos el camino educativo a seguir. «Yo siempre mantuve que la carrera de Derecho la hacían por mi mano», asegura el letrado quien, eso sí, matiza que su intención más que por el ánimo impositivo, estaba promovida por el deseo de garantizar a sus hijos un medio de vida que asegurase un porvenir. «Ellos saben que si ahora quieren ser bomberos o mineros pueden serlo, yo no les pongo ningún impedimento», garantiza.
En todo caso, parece que el esfuerzo no será necesario porque de momento los dos hijos mayores del abogado penalista comparten no sólo el ejercicio de la profesión de su progenitor. También trabajan en el mismo despacho que él y, por cierto, con notable éxito.
No en vano, José Manuel Orbán Moreno, fue el número 2 de España por sus notas en Derecho en la UNED y además de esa titulación, posee la de economista y la de ingeniero informático. A mayores, da clases en la universidad.
A sus treinta años, su hermano Ricardo no le va a la zaga. Fue número 1 de España al licenciarse en Derecho por la Universidad de Educación a Distancia y se convirtió en el abogado colegiado más joven de España, con 22 años. Actualmente está haciendo estudios de Empresariales.
Los dos tuvieron la oportunidad desde pequeños de conocer la profesión que tanto enamora al padre. «Yo puse en marcha las clases de Derecho para tenerlos conmigo como alumnos, para que ellos viesen las clases, incluso hacían allí los deberes del colegio. Entonces la única verdad por la que yo me guiaba era por ser la mano que los pudiera dirigir a ellos. Me gusta enseñar y quería que ellos aprendieran conmigo».
Años más tarde, a los chicos aquellos conocimientos tan tempranos les facilitarían mucho las cosas. «A la Universidad solo iban para hacer los exámenes, así que algo debía estar bien en mi creencia y la de su madre, porque sus resultados fueron muy brillantes», recuerda el padre.
Una unión de años
Eso sí, pese a aquellas primeras vivencias de tantas horas compartidas, José Manuel no sabe con certeza cual es la razón que ha movido a sus hijos a permanecer siempre junto a él, rechazando incluso realizar pasantías con otros letrados. «No lo sé, quizás la respuesta es que siempre hemos sido los tres como uña y carne, desde que eran pequeños; para mi no había nada más divertido que lo que les divirtiera a ellos, siempre han sido el centro de mi vida y con mis dos hijos pequeños pienso recorrer el mismo camino», advierte.
Respecto al trabajo en el día a día, el progenitor revela el secreto de que no existan fricciones: «Aquí no hay jefes, cada uno tiene que saber lo que tiene que hacer. Ellos hacen su trabajo y en alguna ocasión comentamos asuntos, pero no hay imposiciones. Todo lo hacemos juntos, como iguales».
Como no, esa unión la notan los clientes del bufete. «Yo les paso a mis hijos muchos asuntos y después esos clientes ya no quieren que yo les atienda, los prefieren a ellos porque saben ganarse su confianza con su profesionalidad». Sin duda, los hijos también han terminado enamorados del Derecho, al igual que su padre.