Alcaldes que llegaron con los votos

En abril de 1979 hubo las primeras municipales después de la dictadura. Por primera vez las urnas designaban a los concejales. En 30 años la ciudad tuvo siete regidores


El 3 de abril de 1979 hacía mal tiempo. El fantasma de la abstención sobrevolaba Ourense. Y se posó. La cultura del voto era reciente ya que las primeras elecciones democráticas después de 40 años de dictadura se habían producido el 15 de junio del 1977. Casi dos años después tocaba pasar por el colegio electoral para elegir concejales y alcaldes. La participación apenas llegó al 50%. Se celebraban los primeros comicios locales desde la restauración de las libertades y de los ayuntamientos salían los concejales y alcaldes elegidos por el gobernador civil para dar entrada a los designados por sufragio universal. Miguel Riestra París había sido el último regidor de la capital nombrado en tiempos de la dictadura de Franco. La Unión de Centro Democrático (UCD) ganaba las elecciones en el municipio capitalino al conseguir 10.514 votos, pero la mayoría absoluta era una quimera. Alianza Popular (germen del PP) arrancaba 6.638 sufragios, mientras que las papeletas del PSOE sumaban 5.867. Pero en la corporación también entraba el Partido Comunista con 2.962 votos y el BNG con 2.934. Aquella variopinta y heterogénea corporación dio paso en elecciones posteriores a una concentración de votos en los partidos mayoritarios dejando fuera por ejemplo a comunistas e independientes. Los pactos tuvieron que seguir produciéndose entre los partidos políticos hasta 1995 ya que ninguna organización concurrente obtuvo mayoría absoluta antes en los sucesivos pasos por las urnas. Los centristas conseguirían en 1979 nueve concejales, cinco los socialistas, otros tantos los populares; nacionalistas y comunistas dos cada uno y aún habría sitio para dos independientes. La UCD puso alcalde y el primero en recibir el bastón democrático fue José Luis López Iglesias luego de negociaciones en las que las siglas y las estrategias no pesaban tanto como hoy. Era el primer alcalde elegido directamente por los ciudadanos desde 1936 y para ocupar el sillón tuvo que otorgar responsabilidades a todos los partidos y hacer un gobierno multicolor, impensable hoy. Así, socialistas, populares, nacionalistas o independientes pasaron a incorporarse a la comisión permanente (que luego se llamaría comisión de gobierno y hoy, junta de gobierno), el verdadero órgano ejecutivo antes de que pasasen los asuntos a ser rubricados por el conjunto de la corporación en el pleno. Presupuestos Han pasado 30 años desde entonces. Cualquier comparación con el Concello de Ourense actual se antoja ridícula, para bien o para mal. El presupuesto entonces era de 690 millones de pesetas y hoy ronda los 16.000 millones de la antigua moneda. Los regidores de los primeros tiempos invocaban la vocación de servicio, estaban huérfanos de boato, protocolo y el sueldo era mísero. Tres décadas después, 16 de los 27 concejales tienen dedicación exclusiva cobrando algo más de 40.000 euros, el alcalde percibe 72.000 euros (80.000 pesetas al mes cobraba López Iglesias hace tres décadas) y la plantilla de trabajadores ronda el millar, con un gasto que supera los 30 millones de euros cada año. Pero los servicios municipales no tenían que atender entonces los requerimientos que hoy les hacen unos ciudadanos cada vez más exigentes con la administración más próxima. Relevos Esas reivindicaciones llevaron también a la institución a generar más recursos, pero a endeudarse cada vez más. Si las operaciones de crédito eran una excepción, ahora es lo habitual. En estos momentos la deuda que tiene el Concello cuesta más de 400 euros a cada habitante del término municipal. A lo largo de estos 30 años han pasado por el despacho principal de la plaza Mayor siete alcaldes, contando el actual. Algunos tuvieron un paso especialmente efímero, de meses, casos de Jorge Bermello (cinco meses) o Enrique Nóvoa (tres meses). El primero, López Iglesias, estuvo desde 1979 a 1983; Antonio Tabarés desde 1983 a 1987. Le siguió el socialista Manuel Veiga Pombo en un primer período de 1987 a 1990 y un segundo de 1991 a 1995. En medio ocupó el puesto José Luis Mondelo gracias a una moción de censura contra Veiga Pombo que le mantuvo únicamente un año como regidor. La etapa de mayor estabilidad política e institucional se correspondió con la llegada de Manuel Cabezas, capaz de enlazar tres mandatos seguidos con otras tantas mayorías absolutas, entre 1995 y el 2007. Paralelamente, todas las corporaciones tuvieron que atender a más ciudadanos, si bien el censo se ha ralentizado en los últimos años y la población ha envejecido. El padrón cifra 107.000 habitantes en la ciudad y una cuarta parte de los ourensanos ha superado ya los 65 años. El incremento supuso que, si en 1979 eran 25 los concejales que se elegían, ahora son ya 27 los que se sientan en el salón de plenos. El incremento de dos ediles se hizo efectivo en el momento en el que el padrón municipal contabilizó más de 100.000 habitantes.

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