La asociación de familiares de discapacitados intelectuales de Valdeorras celebró una fiesta de fin de curso en Vilamartín
31 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Al grito con el que Luis Aragonés animaba a la selección española, los veinte usuarios de Asfaval sonreían a la cámara en la fiesta de despedida del curso. «A por ellos, oé, a por ellos, oé», cantaban alegres mientras esperaban que comenzasen la comida popular que desde el centro se organizó ayer en el área recreativa de O Bañadoiro, en Vilamartín de Valdeorras. Con ellos estaban los monitores que les atienden durante todo el año, pero también sus familias, invitados de excepción en esta fiesta.
Mientras esperaban por las sardinas y el churrasco, comentaban lo que habían hecho el pasado fin de semana. La historia de un viaje al zoo se convirtió en protagonista. «Y había cocodrilos... y leones... y», una larga retahíla de bichos que mantenía a los chavales todos entretenidos. Mientras, no muy lejos, las familias comentaban cómo les iba la vida, o se presentaba, porque algunos no se conocían. Todo en un ambiente jovial, que para eso era una fiesta.
Desde hoy y hasta el 1 de septiembre quedan aparcados los talleres de abalorios, encuadernación, informática... Así como las comidas diarias en el comedor que la entidad inauguró hace unos meses en O Barco. «Era un servicio imprescindible, en una zona con tanta dispersidad geográfica», explica María José Conde, presidenta de Asfaval. Al lado del comedor se está construyendo la minirresidencia, que tendrá una capacidad para 40 personas (ya hay lista de espera). Un servicio que Conde cuenta con poder inaugurar «para finales del 2009» y en el que desde la asociación han puesto toda su ilusión. «Es prioritario, porque las familias van mayores, y los chavales también van creciendo y en algunos casos necesitan esta ayuda», dice.
De momento están en la estructura, y ya para final de año se espera un último empujón por parte de la administración. «Contamos con unos 100.000 euros», comentaba el gerente de Asfaval, Manuel Román, mientras daba la vuelta a una de las sardinas. Y es que ayer a todos les tocó «trabajar»: poner la mesa, repartir la comida, recoger...