Feli Llonín y su hija Verónica están al frente del negocio de pescadería en el que también participan su marido, que hace rutas, y su cuñado, proveedor
13 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«Los amores traen y los amores llevan». Con esta frase suficientemente ilustrativa pronunciada por Feli Llonín se podría resumir la historia de una vida y de un negocio familiar en el que están implicados una buena parte de los miembros de la misma. Implicación y participación que en el pasado reciente aún era mayor de la que se da en la actualidad.
La madre, Feli Llonín Corces, llegó a Ourense un buen día desde Euskadi -«los amores traen»- e inició su actividad en un negocio de la familia de su marido. El establecimiento estaba ubicado en la calle Doctor Fléming y era «un negocio familiar de pollería, carnicería y pescadería. Allí estábamos mi marido, su hermana, su cuñado y yo. Y desde hace 15 años empezamos con la pescadería aquí en la Avenida de Portugal». Al proyecto familiar se incorporaba «yo creo que hace ya unos diez años» su hija Verónica González Llonín: «al principio comenzó ayudándome cuando dejó el colegio y luego ya se integró en el negocio familiar».
Aunque Feli Llonín reconoce que «por ahora, aquí no estamos notando la crisis», también confiesa que las recientes jornadas de huelga en el sector del transporte fueron muy negativas para el negocio familiar «al no llegar el pescado, y tener el establecimiento cerrado, el negocio se resiente, y más cuando todos en la familia compartimos la misma actividad».
Recorrer los pueblos
Y es que su marido, Lolo, también comparte actividad y negocio con su mujer y su hija, y antes con sus dos hijas: «Cuando las hijas ya eran grandes, la mayor empezó con mi marido haciendo rutas con el furgón por los pueblos, que es a lo que se dedica mi marido, y la pequeña estaba aquí conmigo. La mayor estuvo en el reparto hasta hace dos años, que decidió marcharse para Vascongadas. Allí estaba su novio y se fue para trabajar en una fábrica de piezas para automóviles. Y como los sueldos son mucho mejores que aquí pues está contenta». Los amores llevan.
Hacer las rutas por los pueblos sale a cuenta: «Más que nada porque mi marido lleva 20 años haciendo la ruta y tienes clientela fija. Y una cosa compensa la otra: en invierno baja la venta, pero en verano sube porque la gente se va a los pueblos y vienen los que están fuera. Y precisamente en verano es cuando baja aquí la demanda». El círculo familiar incluso va más allá, pues el pescado llega de lonjas como las de Vigo o Celeiro y en esta fase juegan un papel fundamental «los remitentes y mi cuñado, que es comprador».
La astilla, Verónica, tuvo claro desde un principio que le interesaba más el negocio familiar que los estudios y empezó trabajando en el mismo «porque no quería irme al instituto a pasear los libros, era algo que no me resultaba atractivo». Su madre, desde la perspectiva de una persona que trabajó de peluquera y estilista y que ahora regenta el negocio familiar, comparte esa visión: «Yo prefería que estudiara y que hiciera otra cosa, de hecho hizo lo de quiromasaje ya trabajando aquí conmigo, pero cuando decidió no seguir estudiando ya fue cuando empezamos a trabajar juntas.
Y en el caso de Feli y su hija Verónica parece que aquello de trabajar juntas no afecta a la relación afectiva, ya que «de hecho salimos por ahí juntas o nos vamos a la peluquería o a divertirnos».