El mes de enero finaliza en la capital con reclamos comerciales y descuentos hasta hace pocos años reservados para las últimas semanas del fin de temporada
31 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Cuando llegan al escaparate zapatos de firmas como Prada, o Dolce&Gabanna, con llamativos recortes (de 410 a 190 euros, por ejemplo) y precios bien a la vista, en contra de la tendencia mantenida por el establecimiento que vende estas marcas y donde también asoman sellos glamurosos como Jimmy Choo, es que algo pasa. Y si, en la loca carrera para llamar la atención del potencial cliente, una tienda coloca en su escaparate un nada discreto reclamo que anuncia rebajas de hasta el 80% sobre el precio de temporada, ya es el acabose.
La temporada de rebajas de invierno, anticipada por algunas firmas con olímpico desprecio del calendario oficial al abrigo del recurso a la oferta , o la promoción puntual , arrancó a primeros de enero. Hubo quien, desde el mismo pistoletazo de salida el 7 de enero, arrancó con un 50% de descuento en toda la mercancía, sin siquiera conceder ese plazo de cortesía de un par de días para facilitar cambios después de la fiesta de Reis. No fueron, de todos modos, los más. Con diferente ímpetu, sea como fuere, el mes se cierra con no pocos carteles en los que se anuncian los precios finales, la liquidación, lo último de lo último. Y si a mediados de enero ya se había dejado ver el cartel de hasta el 70% en una céntrica zapatería, el mes finaliza con carteles del 50% en las firmas punteras de la capital.
Establecimientos que en tiempos no tan lejanos apuraban las temporadas, dosificaban la cartelería y los porcentajes de descuento, con reclamos de un 30% durante un par de semanas, antes de entrar en el 50% para lo que había quedado de la fase anterior, generalmente poco, estrenarán febrero con números altos y más género del deseable en el almacén. El 50% se impone, en tiendas de referencia del centro urbano. Textil y calzado, las locomotoras de las rebajas, han apostado fuerte.
Liberar espacio
Dicen en el comercio que los primeros días de rebaja han funcionado bien, que han conseguido liberar espacio y almacén para la mercancía de la nueva temporada que está a punto de llegar o que empieza a entrar. Es la cara amable. La menos agradecida es la que constata la escasez de bolsas en las manos de quienes llenan las calles más comerciales a hora punta. Queda por valorar la incertidumbre del comprador por el desenlace de la temporada; es decir, hasta dónde van a caer las ofertas y cuánto va a tardar tal o cual establecimiento en colgar el cartel de últimos precios. Alguno ya se ha visto, sin haber finalizado enero. Luego todo es posible.
La campaña de rebajas finaliza en marzo. No sólo habrá pasado el Entroido, sino la fiesta de San José y la Semana Santa. Resulta difícil que haya quien las estire hasta ese momento, según la impresión del presidente de la Federación de Comercio, Aurelio, que no duda en relacionar la excepcionalidad de esta campaña con el cambio climático. ¿Quién compra un abrigo si no queda invierno para usarlo?
En la administración, mientras tanto, siguen pendientes de la temporada, atentos a las pequeñas cosas, sin que por el momento se hayan detectado mayores incidentes. Siempre los hay, pero de escasa relevancia.