Carlos Rodríguez Dacal presenta un estudio del árbol en Galicia y profundiza en la figura de Xulio Francisco Ogando
16 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El libro Ogando. O irmanciño e a cultura verde del doctor en biología Carlos Rodríguez Dacal es algo más que un tratado sobre los árboles de Galicia. El trabajo es además un acto de agradecimiento entre alumno y discípulo. En el 2001 por encargo de la fundación Otero Pedrayo, Dacal redacta un informe botánico sobre el pazo de Trasalba. Aquella estancia resultó crucial para la posterior publicación de O irmanciño de Otero Pedrayo. Pisapo Memorable de Galicia . A raíz de este trabajo Rodríguez Dacal conoce a Xulio Francisco Ogando. Ambos comparten por entonces largas conversaciones. «Dende o primeiro día que le anuncie as miñas intenciones de escribir algo sobre O irmandiño implicouse totalmente. El foi o fío conductor que fixo posible esta experiencia inesquecible», explicaba ayer Carlos Rodríguez Dacal en la presentación del ejemplar.
«Eu coñecín ao Ogando que todo o mundo sabe. Ao catedrático, abogado, académico, filólogo, humanista, intelectual e galeguista. A unha das personas máis prestixiosas da cultura dos nosos lares», relató. Pero la huella personal fue la que más influyó en el biólogo. Rodríguez Dacal recuerda cómo le enseñaba sus libros de botánica y destaca el cariño e interés que mostraba por sus obras.
De las largas conversaciones surgió el libro presentado ayer con la colaboración de la Diputación de Ourense y la fundación Casdemiro del que Xulio Francisco Ogando era miembro fundador. Ogando. O irmanciño e a cultura verde es, así, una historia de agradecimiento. «Eu quérrolle rendir un homenaxe merecido a través das páxina desta obra». El libro así se divide en tres partes bien diferenciadas. En el primer capítulo se hace una semblanza de Ogando Vázquez a través de las vivencias del escritor; sigue el ejemplar hablando de la cultura del árbol en Galicia desde el patrimonio arbóreo monumental ourensano caracterizado por su riqueza; y termina con otros capítulos en los que, entre otras cosas, se ponen en valor la relación entre Ogando Vázquez y Otero Pedrayo.