Un informe del Instituto Galego de Consumo revela que el elevado gasto se debía a un producto deficiente
22 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.El cloro que se utiliza para mantener las condiciones sanitarias exigidas por la ley en las piscinas de la capital es de mala calidad. Así lo atestigua el resultado del informe solicitado por el Concello de Ourense preocupado por el elevado coste que suponía el mantenimiento de los cuatro recintos públicos abiertos en la actualidad. Las deficiencias encontradas en el material que se estaba utilizando hasta el momento no afectaba a los usuarios, ya que los operarios encargados del mantenimiento subsanaban esta carencia utilizando sistemáticamente una mayor cantidad de producto.
De este modo, para alcanzar en el agua los niveles exigidos por Sanidade (160-180 gramos de cloro activo por litro de cloro servido) se necesitaba más materia prima de la que sería necesaria si el producto contuviese la cantidad estipulada.
En este sentido, el informe realizado por el Instituto Galego de Consumo, que tiene carácter oficial al depender de la consellería de Innovación e Industria, desvela que de las cuatro piscinas públicas abiertas este verano la peor parada es la exterior del pabellón de Os Remedios. Según datos hechos públicos por el Concello de Ourense, el producto utilizado en la Rosario Dueñas tenía 72 gramos de cloro activo por litro, menos de la mitad del que estipula la regulación sanitaria.
De las cuatro instalaciones analizadas tan sólo la de adultos en Oira cumple por escaso margen los requisitos, ya que se sitúa en el umbral al contar con 161 gramos, uno más de lo exigido. En lo que se refiere a la piscina de niños en este mismo recinto el nivel es de 120, idéntica cifra que la interior de Os Remedios (Pedro Escudero).
Respaldo de la Universidad
Los resultados de estos análisis fueron verificados por Luis Alfonso Rodríguez, profesor de Microbiología del campus de Ourense y experto en el mantenimiento de aguas de consumo. Gracias a este asesoramiento, el gobierno local pudo desechar la hipótesis de que los bajos niveles se debiesen al deterioro de las piscinas públicas como se barajó en un primer momento después de conocer las quejas de los técnicos sobre las altas cantidades que se usaban para su mantenimiento.