El pleno con el que arrancó la nueva legislatura fue una sesión atípica. El orden del día era farragoso pero las inseguridades de los protagonistas lo hicieron todavía más atípico
11 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.?uy pocos concejales estaban cómodos ayer en su escaño. Los que han cambiado los sillones de mando por los de la oposición, se revolvían en el asiento, quizás porque estaban acostumbrados a los acomodos del pasado. Los que copan las butacas del gobierno, porque todavía no se han imbuido del espíritu del poder. Un orden del día farragoso, en el que el secretario se afanó leyendo resoluciones, y la poca pericia de los que se estrenaban -como oposición o como gobierno- hizo que la sesión se desarrollase a trompicones y que los apuntadores se convirtieran en protagonistas. Tanto José Luis Baltar como Javier Rodríguez Nóvoa asumieron ese papel de cara a su portavoz, Enrique Nóvoa. Pero es que hasta Sánchez Vidal tuvo que darle pistas al alcalde a la hora de regular las intervenciones. Los populares fueron picajosos y aunque el portavoz se presentó, según dijo, con sus mejores deseos él y Rodríguez Nóvoa hicieron matizaciones durante el pleno aludiendo a cuestiones de orden: los listos de la clase frente a los recién llegados al colegio. Eso sí, el alcalde no dudó en recordarles algo: «De momento soy yo el que tengo que ordenar esto». Para los nuevos, fue un rodaje. Seguro que algún compañero recomendó al portavoz socialista, Agustín Fernández, que intime con el micro para hacerse oír en el salón de plenos. Ayer, apoyado en el respaldo, su voz apenas se escuchaba aunque habló lo suficientemente alto para que el grupo popular se diese por ofendido cuando los llamó mezquinos por no agradecer las dedicaciones exclusivas. En realidad, se oyó todo, incluido el «¡Qué morro tiene!» dirigido a Sánchez Vidal desde los bancos populares.