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12 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.ESTÁ de actualidad recorrer el camino que parte del desacuerdo, pasa por la discrepancia, atraviesa el cabreo y alcanza la crispación, entendiendo por tal la reacción irritada de unos a cuestiones planteadas por otros. Por eso en toda crispación hay crispadores y crispados. Y si los primeros no son censurables porque consideran necesarios sus planteamientos, los segundos tampoco deben serlo porque resulta inevitable su reacción. El que manda sabe de antemano las decisiones que van a crispar y está en su derecho de llevarlas a cabo. Lo que no me parece de recibo es que, en defensa de sus tesis, se aproveche para definir al crispado como irracional o como maníaco de la irritación. Es decir, crispe usted, si lo cree preciso y asuma las reacciones del respetable. ¿Hay alguien que jamás haya sentido síntomas de crispación? Para paliar estos estados recomiendo desconectar y para curarlos, desconectar y balneario. Por eso, gracias a la crispación, el brillante futuro del termalismo ourensano puede llegar a ser esplendoroso.