CANTONES | O |
28 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.NO existe nada en este mundo que haga perder la paciencia a los ciudadanos tanto como las colas. No importa que te atiendan mal en un comercio o en cualquier administración pública, no importa que te den gato por liebre, no importa que te timen o te estafen. Eso sí, si hay que esperar cola, la cosa cambia. Las colas llegan a lo más hondo de la paciencia humana, hacen que aflore en cada uno de nosotros lo peor que tenemos. Miramos una y otra vez a los que tenemos delante y detrás. Observamos al que llega para asegurarnos de que ocupa fielmente su lugar y no utiliza silbidos melódicos para hacerse un hueco cercano a la luz del final del túnel. Mientras avanza nos parecen que los segundos son horas y tras mirar el reloj una y otra vez, juramos que no nos pasará de nuevo. Y siempre, siempre, pensamos que nos hemos puestos en la cola equivocada y que la de al lado va más rápido. La cola que el pasado miércoles sufrieron algunos padres ante la taquilla del Teatro Principal de la capital para adquirir las entradas de la Moti agotó la paciencia de muchos de ellos. Aseguran que en pleno siglo XXI no es normal que no puedan adquirir las entradas a través de la taquilla telefónica o internet. Desde la organización se indica que para evitar suspicacias el primero que llega a la taquilla es el primero que compra una entrada. Y la verdad es que no existe un método más democrático. Lo que pasó el miércoles fue que se generó una cola, si esto no hubiera sido así, seguramente nadie protestaría por la utilización de este método de venta de forma exclusiva. Por eso los vecinos de la calle Cabeza de Manzaneda de la capital se manifiestan en pleno centro, a hora punta, un día de Navidad. Para que se generen colas, en este caso los protagonistas son los coches. Y es que los atascos de ciudad son la madre de las colas. Aquí la paciencia se la lleva el claxon.