INTEDERMINADO | O |
02 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.CUENTA don Florentino L. Cuevillas, en su obra Cosas de Orense, que en la lápida sepulcral de Lucio Pompeyo que estaba en una casa cercana a la iglesia de San Esteban de la Rúa de Valdeorras, constaban todos sus cargos, pero separando cada palabra y cada sigla había una hoja de hiedra, cuya planta que es símbolo de inmortalidad, también lo puede ser de fidelidad a un recuerdo. Y fue este recuerdo que saltó de mis neuronas ante la imagen expuesta en el parque san Lázaro, de Yambe Gilbert, congoleño de 81 años, con un libro en las manos, el que me llenó de esperanza. Quizá recurría a la historia de su propio pueblo escrita con sangre o tal vez a un manual de usos medicinales donde las acorazonadas hiedras son las protagonistas. Por eso cuando el arqueólogo ourensano Marcos Martinón explica que los crisoles son la clave para entender a los contemporáneos de la Edad Media, me pregunto si no servirían también para analizar las consecuencias de la injusticia o de expresiones como «os solidarios, que os leven á súa calle», del comité anti-SIDA. Libros, ¿para qué os quiero?