En directo | Homenaje a los profesores jubilados Han dedicado su vida a la enseñanza y han sido testigos de una drástica evolución educativa. Ayer ensalzaron la que, aseguran, es la profesión más hermosa del mundo
28 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?on la autoridad que otorga más de media vida dedicada a la enseñanza, Manuel Souto Cacabelos -96 años, de profesión maestro- dio ayer una lección a quienes han impartido muchas. Este profesor, que entregó al magisterio más de cincuenta años, fue el encargado de cerrar el homenaje que el sindicato Anpe rindió a los profesores ourensanos recién jubilados. «Hay una crisis en la familia y eso se traduce en un crisis en la sociedad. Si la familia falla, falla la sociedad, se quiebra», aseguró durante su discurso. Manuel Souto inició su trayectoria como docente a los 18 años. «Era fundamental el apoyo de los padres. ¿Cómo si no podía dar clases a alumnos que eran mayores que yo? Y a pesar de eso, se respetaba al maestro, se le admiraba», relataba ayer en lo que fue una lección de pedagogía pero también de historia. En su opinión los profesores están en la actualidad desatendidos y maltratados -«Cosa que nunca se había visto ni pensado»- y recordó que la construcción de la educación requiere, por parte de los docentes, dos ladrillos básicos: la paciencia y la tenacidad. La de Manuel Souto fue una de las historias que ayer se contaron en el auditorio, en el transcurso del homenaje. Pero había más, hasta sesenta, tantas como homenajeados. Todos tenían en común la pasión por la enseñanza que el presidente de Anpe, José Manuel Fernández, definió como la profesión más hermosa del mundo. Es el caso de María Jesús Gallego, que a los 61 años dejó su último destino, la Escuela Aneja de la capital, después de 38 años de trabajo. «Ha sido lo más bonito de mi vida», relataba ayer emocionada. Como todas las monedas, la del magisterio tiene cara y cruz: «Lo mejor es el contacto con los niños, lo peor la poca disciplina y lo poco que se valora al profesor». Una percepción similar tenía otro de los homenajeados, Ambrosio Cid. Su último centro, el instituto Eduardo Blanco Amor. Allí puso el punto final a su carrera, a los 68 años y después de 37 dedicado a la educación. También valoró lo bueno y lo malo de su profesión: «Colaboramos para que los jóvenes se conviertan en ciudadanos de bien, con valores». La falta de rendimiento y de respeto son, para él, lo menos bueno de un oficio, el de maestro que ayer exaltó también el presidente de la Diputación, José Luis Baltar. En la clausura del acto habló el político y también el maestro declarado: «Reivindico unha educación de calidade e a dignificación do profesor, que é un obxectivo noble e unha meta irrenunciable».