El acceso

ANTONIO NESPEREIRA

OURENSE

AL MARGEN | O |

09 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

AHÍ está. Ahí lo tienen. No me digan que no se han fijado en el prodigio de infraestructura que nos han colado en Vistahermosa. El futuro acceso centro que unirá la capital con la autovía A-52 está a punto de concluir. Se levanta desafiante sobre las casas de Vistahermosa, dejando a sus vecinos atónitos ante la mole de hormigón. Se erige insultante sobre el vilipendiado Miño, al que casi siempre los ourensanos hemos ignorado. Se muestra excesivo en la fisonomía de la ciudad como si fuese una telaraña que jamás se podrá limpiar. Se exhibe faraónico como símbolo de un progreso paleto. Pero ahí está. Como el puente de O Ribeiriño que reivindica cada día su fealdad, como la carretera de Monforte que se cuela por una entrepierna del puente romano, como el auditorio de San Francisco que se construyó con calzador constriñendo a perpetuidad la subida a Montealegre, como el edificio que se levantó ante la fachada de la catedral, como el inmueble de viviendas que se edificó al final de Marcelo Macías, una verdadera pantalla. Ahí están. Unos cuatro mil paisanos entrarán en las horas punta por la nueva montaña rusa hasta parar bruscamente en Os Remedios, una especie de futuro fielato en el que parará todo el mundo. Allí se sumarán a los 19.000 coches que ya entran por Pardo de Cela y, más adelante, se añadirán a los 60.000 ourensanos que deambulan a diario por las calles con sus utilitarios. Ahí es nada. Los citados son ejemplos de una planificación urbana un tanto ramplona, improvisada y cuyas consecuencias quedarán para ejemplo de generaciones venideras y que ya pronto sufriremos los vivos. Mientras tanto, y como medida paliativa, únicamente nos quedará presumir ante las visitas de que aquí hemos gastado también mucho cemento. Aunque, bien pensado, todavía lo podemos pintar de verde. Como si fuese césped.