CANTONES | O |
05 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EN ocasiones la realidad supera la ficción. Lo que ocurre en A Rúa en los últimos meses merecería capítulo aparte en la serie política, pero lo sucedido en el pleno del pasado 3 de octubre debería ponernos a todos los pelos de punta. Y precisamente por los pelos se votó el devenir de todo un pueblo. El retraso de uno de los ediles -que al parecer que llegue tarde ya es algo habitual e intrínseco a su personalidad- varió el voto en varios puntos del pleno. O lo que es lo mismo: Un hombre que no cumple con sus funciones (porque los vecinos le pagan para que por lo menos acuda al Concello los días de pleno a la hora prevista) tuvo en sus manos la aprobación del ejercicio de la cuenta general del 2005 y el pago de las facturas de hotel a dos directivos de Rieter Saifa. Rezando estarían unos y otros por el retraso o no del edil. O a lo mejor los puntos del orden del día se numeran según la necesidad de que esté o no el concejal tardón. O quizás a éste le pasa como a algunas folclóricas: que siempre llegan tarde para hacerse notar. Los vecinos de A Rúa, creo, no se merecen a sus representantes. El presente y futuro de un pueblo no puede depender de la puntualidad o no de un concejal. Yo le cerraría la puerta en las narices, le suspendería de sueldo (no de empleo) y le podría una tarjeta amarilla, por que un despiste lo puede tener cualquiera. Pero a la segunda de cambio, lo inhabilitaría. El concejal tardón no respeta al grupo de gobierno, el concejal tardón no respeta a la oposición, el concejal tardón no respeta a la corporación municipal. Por eso el concejal tardón no respeta a su pueblo. A partir de ahora habrá que poner máquina de esas de fichar a la entrada mismo de la casa consistorial de A Rúa. Y a la tercera de cambio a la calle, por tardón.