Crónica | Adiós a Emilio Villar
29 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Hace algo más de tres años, en estos días, el puente de Castrelo de Miño se convirtió en el escenario de un homenaje a la bandera de la República. Se centró, entonces, en la figura de Emilio Villar, un vecino de Castrelo de Miño testigo de la muerte de cientos de víctimas del fascismo durante la Guerra Civil y que con tan sólo 14 ó 15 años tuvo la temeridad y la valentía de poner una bandera de la República en medio del puente desde el que se fusilaban y tiraban al río a los presos políticos y que estaba custodiado por el bando nacional. Ayer Emilio Villar volvió a ser de nuevo protagonista. Respaldado y arropado otra vez por la bandera tricolor, que tanto defendió, y también de la comunista, partido en el que militó muchos años pero unos kilómetros antes del puente de Castrelo de Miño, en concreto en la pequeña localidad de Santa Cristina y en un viñedo de su propiedad, en el que reposan ya sus cenizas. Allí se dieron cita familiares y amigos para darle su último adiós, ocho días después de su fallecimiento en Vigo, cumpliendo así su último deseo y a pesar de que su hija le propuso descansar en el río. Posibilidad que descartó con rotundidad dados los nefastos recuerdos que para su bando tenía el lugar. En la ceremonia de despedida -de carácter totalmente civil e íntima- estuvo arropado por el delegado provincial de la Consellería de Cultura, Xosé Carlos Sierra, el historiador Xesús Alonso Montero, o Luisa Escudero, concejala nacionalista de Ribadavia, entre otros. Alonso Montero le recordó como un «canteiro, republicano y comunista», una breve pero descriptiva definición que se plasmará como epitafio en una lápida, cuyo coste asumirá la delegación de Cultura, según confirmó Montero, junto a su nombre y las fechas de nacimiento y defunción y que se colocará en la misma viña en septiembre. En la viña de Emilio Villar, sólo quedan ya sus cenizas y dos ramos de flores recuerdo del acto celebrado en su honor y en el del trabajo realizado a favor de la República. Las banderas que marcaron su vida fueron recogidas con respetuoso silencio tras finalizar un acto que le habría gustado. Con los suyos, sus ideas y las viñas que marcan la identidad de una denominación de origen que se ganó tan a pulso como la suya: republicano por denominación.