Despedida agridulce

OURENSE

MIGUEL VILLAR

Educación | Actos de graduación en el campus de Ourense

30 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Todos los años por estas fechas se repite el ritual. Pero no por eso cada ocasión deja de ser diferente, distinta. Porque sus protagonistas también lo son. Alumnos, profesores y familiares se preparan para la ocasión. Ayer el edificio politécnico del campus de Ourense estaba de fiesta. Verdaderas galas, corbatas, tacones y peinados llenaban los rincones del salón de actos en lo que sería el acto de diplomas y bandas a los alumnos de la vigésimo octava promoción de la diplomatura de turismo y de la séptima de Licenciatura en Administración y Dirección de Empresa. Actuó de madrina una casi compañera, la conselleira de Política Territorial, Obras Públicas e Transportes de la Xunta, María José Caride. «Hoxe é un acto entrañable para mí», comenzó el discurso. Recordó las vivencias y experiencias que cada uno puede llevarse de la facultad y destacó dos hechos históricos que hicieron, según la conselleira, saltar la sensibilidad de los alumnos, sobre todo de los que ayer se licenciaban: la catástrofe del Prestige y el atentado del 11-M. Indicó Caride que la de Ourense es una facultad pequeña con sus ventajas e inconvenientes. La primeras relativas al contacto con los compañeros y el personal de la facultad. Mucho más cercano. Como inconvenientes destacó los de las infraestructuras. Una biblioteca central casi recién estrenada y la falta de instalaciones deportivas. Tras la conselleira fue el turno de los padrinos de la licenciatura y de la diplomatura. Ambos, Alberto Vaquero y Miguel Diéguez, desataron los aplausos y las sonrisas de los más de doscientos alumnos que ayer, junto a sus familias, abarrotaban el salón. Tras los discursos de los alumnos, con referencias personales y con un final de esperanza, llegó el turno de la entrega de diplomas y la imposición de bandas. Mientras, un piso más abajo, otros alumnos, los de la Escuela Universitaria de Enfermería de Ourense realizaban también el acto de clausura de los diplomados de la promoción 2003-2006. Eran menos pero con las mismas ilusiones. Ayer fue un día de alegría, de cara a un futuro, y de pena, recordado un pasado universitario que estará presente de ahora en adelante en la vida de los nuevos profesionales ourensanos.