AIRES DO ARNOIA | O |
12 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.QUIZÁS fue en los primeros ochenta cuando don Emilio Duro Peña, por aquellos años canónigo archivero, me reveló hasta el último recoveco de la seo ourensana. Sensaciones contradictorias. Un cierto estremecimiento al sentirme entre legajos, piedra y madera intactos en lo más recóndito del medievo. Una evidente irritación por la situación de abandono de las dependencias catedralicias, por el creciente deterioro de la poco conocida, hasta entonces, riqueza artística de la catedral ourensana..., tan sólo el Cristo de las cosas de Ourense, tan sólo un Pórtico del Paraíso que remedaba, decían con desprecio, al de la Gloria compostelano. Una catedralcita de andar por casa. Y desde Astorga y Santiago de Compostela Miguel Ángel González que nos inicia en nuestro patrimonio, al tiempo que lleva a cabo su restauración. La Catedral. Reformas, innovaciones, mejoras en iluminación, calefacción, seguridad, pavimento: cultura, monumentalidad y puesta en valor. La Catedral de Ourense con Izquierdo Perrín, Hervella Vázquez y Mani Moretón descubriéndonos a Cornellis de Holanda, Castro Canseco, Mateo de Prado, Francisco de Moure, al maestro de Sobrado, Juan de Angés, Domingo de Andrade. Magnas exposiciones de arte sacro: La Ribeira Sacra, En Olor de Santidad ; y Miguel Ángel y el Cabildo que se pronuncian contra el bodrio arquitectónico perpetrado en la plaza de San Martiño. Ahora la Claustra Nova que crece al Patín Norte y a la Capilla de San Juan, más museo catedralicio, más piezas de alor, para que se la reconozca en el país entre las catedrales de más mérito. Y Miguel Ángel, además, en Xunqueira de Ambía, en Santa Clara, en Oseira, en As Ermitas. «E anque non quero que morras, nin que fuxas pra outros lares», que decía el cura Germán, vate de Melias, para cuándo el gran reconocimiento que merece Miguel Ángel González.