AL MARGEN | O |
19 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.CHEMA y Salva van con Patri y Beatriz al supermercado. Ellos son los encargados de la intendencia. La peña les advierte que carguen material en abundancia porque hace una rasca de cuidado y si no te pones bien te puedes quedar pajarito en el banco de la Alameda. Rebuscan en el bolsillo y va apareciendo la calderilla. Los cuatro salen pronto del establecimiento ya con las botellas y van al encuentro del resto, que les recibe con alborozo. El termómetro que está frente a Correos se ha quedado ya sin grados cuando ellos empiezan la ceremonia. El cielo está estrellado, la luna llena inspira al personal y el rocío cae como gomina al pelo. El muermo es historia y la desinhibición es directamente proporcional al alcohol que se hace sitio garganta abajo. Jaime, tímido patológico, al segundo grolo decide entrarle a Susana, que no le rechaza. Al lado, al resto de la pandilla ya se le ha juntado el cielo con la tierra y se vuelven monologuistas del club de la comedia porque brotan las ocurrencias, divertidas, a juzgar por las risas que explotan como espasmos. Viti, un aspirante a bachiller en el instituto, amenaza con potar porque el cóctel se ha vuelto cemento en las tripas y es el primero que revienta el festín. La peña le señala con el dedo y le reprochan que lo único que es capaz de meterse es un yogur. La poli hace la ruta del Progreso embozada en un buf , ve la escena y el que conduce detiene el Altea en la parada del bus. Se bajan los dos agentes y les sueltan algo de moralina, pero nadie está para que la pasma le raye con discursitos. Le convencen y lo llevan a casa. Timbran y al rato una voz taquicárdica acierta a preguntar quién llama. El padre ve a su vástago como una piltrafa e invoca a Belcebú. La madre, envuelta en la bata, le desnuda y lo mete en cama musitándole al oído: «Hijo eres, padre serás». La poli se va a por el resto. PD. ¿A qué os suena esto?