Las mujeres, rumanas, carecían de permiso laboral y seguro social y una de ellas ya falleció El fiscal pide 15 años de cárcel para tres acusados y 36 meses de prisión para el dueño de un club
30 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Los rumanos Alexandru Coptil, Viorel Budacan y Dorut Hadarau fueron juzgados ayer por varios delitos de prostitución. También se sentó en el banquillo Aquilino González, dueño del club Playboy de Maside, acusado de un delito contra los derechos de los trabajadores. Para cada uno de los tres primeros el fiscal pide 15 años de cárcel y multa de 3.240 euros y para González pide tres años de prisión, multa de 1.620 euros y el cierre de su club por 36 meses. El fiscal acusa a los rumanos de facilitar la inmigración de extranjeras para ejercer la prostitución. Dice que captaron en Rumanía a varias mujeres dispuestas a ejercer en España a las que pagaban 1.800 euros para el viaje. Así vinieron Tatarán Florinda, Adina Ilsas, Antoanela Jeszensky y Claudia Cimpoies. Los acusados, insiste el fiscal, se quedaban con lo que estas ganaban vigilándolas para que no dejasen de ejercer. A Viorel se le acusa, además, de agredir a Antoanela por ocultar 240 euros para enviar a su madre enferma. Las mujeres trabajaban en el club de Maside. Alexandru dijo que sólo estuvo una vez en el Playboy porque conoce a Viorel y se fueron en taxi a Ourense y las chicas en otro taxi. «No las obligamos a prostituirse», indicó. Alexandru explicó que trabaja como albañil fuera de Galicia. Viorel, que vive de la hostelería en Tenerife, era guía en una línea de transporte a España desde Rumanía y animó a venir a Antoanela la cual quería ejercer de prostituta en España. Añadió haber estado dos veces en el Playboy para ver a esta amiga y negó haberle pegado o haber gestionado la Visa de alguna de las mujeres. Dorut manifestó que nunca pisó el Playboy, que Antoanela durmió unas dos veces en su piso de A Coruña, donde también estuvo Viorel y que no vio agresión alguna. Dorut trabaja en un supermercado. Aquilino González dijo que el dinero de cada una lo metían en un sobre con su nombre y según se lo pedían se lo daba y que cuando Viorel o Dorut iban al local las chicas se ponían nerviosas pero que no vio agresiones. Por cada copa se quedaba con 6 euros y a ellas les cobraba 30 euros al mes por la habitación, con comida y lavado de ropa. «Las chicas no tenían horario fijo. A Adina hubo que ingresarla en el hospital. Yo corrí con los gastos, traje a su madre, luego la chica murió en Rumanía». reconoció que no tenían permiso de trabajo y no estaban dadas de alta en la Seguridad Social porque «no se podía». La Guardia Civil, cuando detuvo a los acusados, halló agendas con nombres y teléfonos de chicas y clubes. Alexandru llevaba, además, billetes de avión. Las chicas, que ayer no declararon por estar en paradero desconocido, denunciaron ante la guardia Civil en aquel julio del 2000 que las obligaban a ejercer la prostitución, y que no tenían libertad pues debían trabajar para pagar los gastos del viaje a España y que estaban amenazadas. La defensa de los acusados no ve fiable el informe de la Guardia Civil y pide que sean absueltos. Y el letrado de Aquilino solicita su absolución pues no se prueba, dijo, un delito contra los derechos de los trabajadores.