CONTRAPUNTO | O |
11 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.UNA DÉCADA cumple el Festival Internacional de Cine Independiente de Ourense. Por el camino perdió el nombre con el que nació, OFF, y a su padre natural, Eloy Lozano, que fue quien tuvo la idea y la alentó en la primera edición. Sorprende que en la vorágine de reconocimientos personales que se prodigan en el día a día del festival no haya uno, en esta décima edición, que distinga a la persona que (junto al alcalde Cabezas) puso en marcha el importante acontecimiento cultural. La gratitud no es bien que abunde en el mundo social ourensano como se demuestra en el sonrojante olvido de Eloy Lozano. Me temo que con su ostracismo también murió una filosofía del evento cultural que tendrá que ser redifinida por los nuevos gestores de la cultura pública gallega. El festival se lleva mucho dinero de los impuestos ciudadanos para que, al final, se convierta en una roja pasarela sobre la que desfila el papanatismo provincial y capitalino (de Madrid). Es una de las imágenes que más se prodigan: los ilustres invitados de la capital de provincia usando sus mejores galas dominicales mientras que los no menos ilustres invitados que llegan de allende los límites geográficos se presentan como abanderados de la moda más sport. Es una anécdota que remarca el provincianismo de un certamen que pide a voz en grito un empujón para convertirse en el referente cinematográfico de Galicia y del Noroeste español. Hasta el momento es un batiburrillo en el que todo cabe. A pesar de su nombre de independiente, con lo que el término significa de estar al margen de oficialismos, en los últimos años la cita ourensana se convierte en un desfile de lo más granado de los personajes habituales de los circuitos comerciales subvencionados. Lo dicho, o Ánxela Bugallo y los suyos apuestan por Ourense con hechos o el festival seguirá su lento discurrir hacia ninguna parte.