CANTONES | O |

25 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL pasado viernes el pueblo de Gumarei en Moterrei se veía rodeado por las llamas. Hubo momentos de pánico a los que se le unió más tarde escenas de crispación. Algunos vecinos increparon a los bomberos, incluso culpándoles de la destrucción de una de las viviendas por culpa de las llamas. Ellos, estoicamente, aguantaron los insultos, incluso después de haber pasado horas y horas tragando humo y pasando momentos de cierta preocupación y de demasiada aproximación a las llamas. Se entiende que el ser humano en un momento de desesperación confunda a las víctimas con el verdugo o incluso suelte por su boca sentencias de las que más tarde se arrepienta. Los cierto es que los verdaderos culpables de que una casa se quemara y de que un pueblo entero se viera amenazado no fueron los bomberos. Los verdaderos culpables son los que aprovechando la sequía plantan fuego, los que por su propio beneficio ponen en peligro la vida de otros seres humanos, los que el otro día en Guimarei seguramente contemplaban desde lejos las llamas, sonrientes, mientras un grupo de bomberos se jugaba la vida. Hay que ser justos y no olvidarse de que lo más importante para el ser humano es la vida, insustituible.