Marinero en tierra

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

EL ARTE EN OURENSE | O |

14 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EN la primera planta del Centro Cultural de la Diputación expone -hasta el día 7 de agosto- Miguel Pereira (Madrid, 1949), bajo el título Invisible rumor . Esta muestra tuvo lugar antes en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Y consiste en el despliegue -por la escultura y la pintura- de las piezas de una embarcación típica gallega (una chalana), complementado además por la fotografía y el vídeo. Para el tratamiento pictórico de ese material, «entre el minimalismo reduccionista y el exceso barroco, Miguel Pereira ha optado por lo segundo», según advierte en el catálogo de la exposición Seve Penelas. La fotografía cuenta con dos series: Marchalana -de 21 imágenes- y Rialoura -de 70-; y el vídeo -titulado onomatopéyicamente Roás, roás, roás - dura treinta minutos y recrea el juego de las ondas marinas. Me recuerda aquella mención de Otero Pedrayo que dice: «Castelao interpreta el juego de las ondas ... Nadie ha logrado semejantes paisajes de la beiramar». Decididamente, Miguel Pereira se siente marinero en tierra, como se sintió Alberti, en aquel su primer libro poemario, escrito en estado de gracia poética. Sólo que abre puertas en el mar con los pinceles. El mar está en «el alma del gallego, cuyo corazón se baña en sal sin brújula ni sextante», que diría José María Castroviejo. Por algo en el muelle de Las Corbaceiras de Pontevedra -ciudad donde vive desde niño Pereira- los carpinteros de ribera construyeron la nao la Gallega , que Cristóbal Colón llamaría luego Santa María . Pero Pereira sobre todo es pintor. Antón Castro ha dicho de él -en la colección Artistas galegos. Pintores de la editorial Nova Galicia-: «A pintura de Miguel Pereira situábase, ó principio, na tradición clásica dun expresionismo renovado, ligado, dunha parte, á herdanza dos modelos europeos máis xestuais e, doutra, ó muralismo ... no medio dun espacio abstracto y simbólico». También, puntualiza que la memoria histórica fue «un ideario de toda a súa pintura, desde o principio», dentro de su universo máxico . Y Ramón Rozas, a su vez, precisa: «As súas afeccións pola antropoloxía, o mundo dos xogos e os soños, converten a súa pintura nun fecundo lugar para atopa-lo rastro da memoria».