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01 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LA generación del baby boom pasará pronto y a nivel planetario de la vida activa a la pasiva: aquellos bebés son abuelos ahora. Y están llegando a la jubilación, justo en el momento histórico en que todavía les resulta posible retirarse y comer, pero ya no sin caer a peso sobre las generaciones siguientes y ver negro el panorama de futuro que las espera. El problema está no en que ellos sean muchos, sino en que sus descendientes son pocos, por culpa de un control antieconómico de la natalidad suscitado por falsas profecías apocalípticas. El caso es que, ahora, China -el país más poblado del mundo, al que se le pronosticaban hambrunas inauditas-, está a punto de dejar de recibir por no necesitarla la ayuda del Programa Alimentario Mundial de la FAO, al que por cierto acaba de donar un millón de dólares con ocasión del tsunami. Pero, entretanto, en Ourense, según detallaba el martes pasado un reportaje de este periódico, el número de pensionistas supera al de los trabajadores en activo. Y ¿quién mantiene en pie esa pirámide invertida de edades?