En directo | Inspección ocular en Xestosa Los integrantes del jurado se desplazaron ayer hasta Xestosa para ver, «in situ», los lugares en los que sucedieron los hechos que pudieron llevar a la muerte de Manuel José Penelas
27 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?i el intenso calor ni las pronunciadas curvas de la carretera evitaron que el jurado que desde el lunes participa en el juicio contra José Olleros tuviera que cumplir con la inusual «obligación» de recorrer los lugares en los que, la noche de autos, sucedieron los hechos que estos días se juzgan. Y además, con puntualidad. A las cuatro y media de la tarde ya estaban todos listos para subir a un autobús que les llevaría a Xestosa, una localidad del Concello de Toén cuyos vecinos -algunos en la calle y otros bien colocados desde sus balcones- no quisieron perderse el acontecimiento. Junto a varios agentes de la Guardia Civil y todo el equipo judicial que lleva el caso, que desde el lunes se juzga en la Audiencia, los jurados comenzaron su recorrido, a pleno sol, en el punto donde, según los vecinos, tuvo lugar la primera pelea entre el acusado, José Olleros, y el fallecido, Manuel José Penelas. Varios eran los conocidos del lugar que habían sido citados para explicar in situ lo que en días anteriores ya habían declarado bajo juramento. El exterior del bar Docampo fue el primer punto. Desde allí, y siempre a pie, conocieron el lugar de un camino en el que un vecino aseguró haber visto a Olleros poco antes de las dos de la madrugada, tras cerrar el bar, y el sendero por el que, el día que apareció el cuerpo, accedieron al interior de la casa del fallecido los efectivos policiales. La colaboración de una vecina, testigo clave del caso, sirvió para explicar a los jurados el sitio exacto en el que, según su versión, tuvo lugar una segunda pelea entre los implicados, después de la una de la madrugada. Ella señaló primero la puerta de su casa y después el punto en el que dijo haber visto a los hombres pero el jurado, a petición de la jueza Josefa Otero, recorrió a pie todo el tramo del camino y se aseguró de comprobar si realmente existía visibilidad suficiente, ya que eran más de 50 metros. En este punto el propio abogado defensor, se encargó de sacar una cinta métrica para dar fe de las distancias. Casi parecía una secuencia de CSI, pero al estilo rural. Tras ver la casa del fallecido y recorrer el largo tramo que separa ésta del domicilio del acusado los sufridos ciudadanos emprendieron el regreso. Su cometido aún no ha terminado.