Crónica | Curso para vigilantes medioambientales Una quincena de jóvenes ourensanos participaron en una iniciativa del Centro Iris y la Asociación Amigos da Terra para formar un cuerpo de detección de agresiones a la naturaleza
24 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?asan desapercibidos. Su aspecto y su vida es igual al de otros muchos jóvenes ourensanos que estudian, quedan con los amigos o trabajan en una oficina. Pero, al igual que los superhéroes más clásicos, se trasforman -lo hacen un par de días por semana- para salvar al mundo de algún peligro. En este caso, medioambiental. Y, también como ellos, lo hacen de forma altruista y anónima. Son los Ecovixías del Centro Iris de Medio Ambiente. El colectivo ecologista se encarga de formarlos -lo viene haciendo desde el año 2002- para que se conviertan en el azote de los que no respetan el planeta, en la parcelita que corresponde a Ourense. Ayer, en la Casa da Xuventude se formaba a una nueva promoción de estos vigilantes medioambientales y, como en el caso del superagente 007, su preparación es de lo más completa. Tienen que aprender legislación -porque han de saber distinguir entre lo que puede o no puede ser denunciable-, cartografía y análisis de mapas -porque es imprescindible identificar correctamente el lugar en el que se detecta el atentado ecológico-, y hasta manejar un GPS y una cámara de fotos. Además, como siempre viajan en bicicleta, el curso de formación incluye legislación vial, primeros auxilios -por si tienen alguna caída- y nociones básicas para reparar su vehículo de dos ruedas en caso de que sea necesario. Su misión es recorrer el municipio ourensano y sus alrededores buscando vertederos incontrolados, focos de contaminación, ríos en malas condiciones... Luego, con todos los datos y fotografías aportados por los Ecovixías, el departamento jurídico del Centro Iris y Amigos da Terra envían a las administraciones que estén implicadas las correspondientes quejas y denuncias. Así que, si mañana ven a un jóven en bicicleta y con cámara de fotos, piensen que, quizás, acaba de cruzarse con un superhéroe ecológico ourensano.