Una revelación

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

EL ARTE EN OURENSE | O |

31 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

HOY me toca referirme a un artista ourensano, que acaba revelándose a la calle como un maestro cuando aparece de pronto a la luz pública, desde una larga vida de voluntario silencio. Éste me parece, en esencia, el caso de César Prada (Ourense, 1951), pintor y escultor, que expone su última pintura en la planta baja del Centro Cultural de la Diputación , hasta el día 13. De niño admiró en el Volter a Xaime Quessada -a quien considera, como referente, su maestro-, Vidal Souto y Alexandro; y, a partir de los doce años, estudió pintura y escultura en la Escola de Artes e Oficios de Ourense, frecuentando además el taller de uno de sus profesores, Aurelio Iglesias. Luego, tomó lección, para su posterior aprendizaje complementario de autodidacta, de la abstracción y las masas de color de Laxeiro, el dibujo y los colores planos de Seoane y el sentido del barroco gallego así como la clave estética femenina de Vidal Souto. El caso es que, pese a haberse dedicado totalmente al arte desde los veinticuatro años y trabajar según propia confesión ocho horas diarias, ha limitado sus exposiciones hasta ahora al Bar Bodegón -de la calle de la Luna- (hace ya un cuarto de siglo), el Ateneo (1992), Celanova (1993) y Santiago (1995) -si bien, por paradoja, también expuso ocasionalmente en Portugal, Francia e Italia-. Cristina Padilla Toledo ha dicho de César: «Sintetiza en sus pinturas costumbristas lo viejo con lo nuevo, al igual que la nueva generación de músicos gaiteras/os que hoy existe en el panorama musical gallego». Para Riol Moreno, las caracteríticas básicas de la pintura de Prada son el dibujo de trazo grueso, el color abundante y armónico, la espontaneidad temática y una cercanía surrealista a lo cotidiano. En cuanto a su técnica, J. Luis Otero Camba subraya su preparación del óleo sobre lienzo con una argamasa de piedra pulida y cola vegetal; y Damián Rodríguez Estévez valora también positivamente el derroche de color, los bajorrelieves -leves-, los desmesurados puntillismos y los empastes. Su otro punto fuerte -de activo intangible, cabría decir- es el apoyo a su trabajo de su mujer, Isabelita, a la que llama su musa desde la adolescencia.