AL MARGEN | O |
13 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.CADA día, al llegar a casa, los mismos gestos. Sacamos la llave del bolsillo, abrimos el portal y observamos si alguien se acordó de nosotros. Vemos que sí. Los buzones, tanto el de la entrada como el interior que está a nuestro nombre, rebosan. Repasamos quiénes tienen cosas que contarnos y que son de nuestro interés. Varios sobres encierran información muy importante. ¿Cómo es posible que venga tan alto este mes el recibo de la luz? ¡Otra vez los móviles nos pulverizan el presupuesto doméstico! Y cosas por el estilo. Decido pasar el mal trago y echo un vistazo a las ofertas del súper. Menos mal. Si compro una botella de cava me regalan una barra de turrón y un móvil de última generación con capacidad para difundir datos e imágenes a gran velocidad con el que me puedo bajar como tono de llamada la gran canción Antes muerta que sencilla . También me informan que en la pizzería de al lado por una cuatro estaciones me dan una foto de Berlusconi dedicada. Por fin encontré algo que mitiga el enfado y me da estímulos positivos para seguir tirando el resto del día. Me gusta estar informado y selecciono lo que me interesa para subirlo a casa. Envuelto en el manojo que tiro al contenedor va un ejemplar de la revista Ourense, un proxecto de todos.