La trampa de la Vía Nova

Jesús Manuel García OURENSE

OURENSE

Crónica | Rescate de un arqueólogo y una restauradora en Lobios La tecnología por satélite permitió a dos profesionales acabar con la pesadilla de no poder alcanzar la carretera debido a la espesa vegetación y a la llegada de la noche

30 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Todo se quedó en un susto y en unos cuantos arañazos en los brazos. Un arqueólogo y una restauradora se desorientaron al caer la tarde en los montes de Lobios cuando estaban realizando prospecciones en la Vía Nova. El objetivo era documentar unos miliarios y para hacerles fotos acudieron al lugar en las horas de menos sol. Se trataba de las piezas de las millas 35 y 36, situados en esos puntos de la vía. Una vez observados, iniciaron un recorrido por la traza viaria para ver su estado, a lo largo de un kilómetro y medio. Hubo un momento en el que al regresar a la carretera notaron que el camino que seguían les cortaba el paso por un enorme silvaral. Buscaron otras dos alternativas mientras la oscuridad empezaba a hacerse presente, consiguiendo así la desorientación de ambos profesionales. Solución Al ver que ya no había forma de alcanzar la carretera, la solución estaba en el teléfono móvil y en el sistema GPS. En efecto, Manuel Rodríguez y Cristina Otero pudieron contactar con el número 112 de emergencias, acudiendo los agentes de Seprona. Los guardias pidieron a Protección Civil de Lobios una desbrozadora, pero la máquina no llegó. Los agentes abrieron el camino. Rodríguez conoce muy bien la zona pero sucedió que desde los miliarios, el camino que debería llevarles hasta la carretera en no más de cinco minutos, estaba cortado por la vegetación silvestre al llevar años sin ser utilizado. El rescate duró un buen rato a pesar de que los afectados estaban cerca, llegando a prescindir del teléfono para comunicarse en alta voz con los agentes situados a unos cinco metros de ellos. El punto exacto dónde se hallaban no fue difícil de localizar gracias al satélite. Mala conservación En este recorrido científico por la Vía Nova pudieron constatar, eso sí, el delicado estado de conservación que ofrece el miliario ubicado en la milla 36. La inesperada aventura terminó felizmente con un alto para tomar algo en el balneario de Riocaldo antes de regresar a Ourense, ya en plena noche.