La muerte de un sacerdote

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

TEMAS DEL PAÍS | O |

29 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

DURANTE el pasado fin de semana, moría un conocido sacerdote ourensano: Luis Rodríguez Portugal. Tenía noventa y dos años. Y estuvo celebrando la santa misa y confesando hasta su muerte. Había sido primero párroco rural; y, luego, de Santa Eufemia durante treinta y seis años. Durante su entierro otro sacerdote ourensano pariente suyo, José Carlos Fernández Otero, pidió como tributo a su memoria por las vocaciones sacerdotales. Como es sabido don Luis pertenecía en su calidad de sacerdote diocesano y desde los años 70 al Opus Dei . Por eso, me vienen a la mente aquí y ahora los requisitos que recoge la obra Forja del Fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá, deseando a los futuros sacerdotes «que sean alegres, operativos, eficaces; que estén bien preparados; y que se sacrifiquen por sus hermanos, sin sentirse víctimas» (punto 910); y «que amen de verdad, cada día más y sin discriminaciones, a sus hermanos los hombres, y que sepan hacerse querer de ellos» (punto 964). Don Luis reunía a la perfección esas virtudes como sacerdote ejemplar.