EL OURENSE DEL COMÚN
07 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.NO ES que representen una plaga pero la verdad es que siempre ha habido muchos muros y remuros. Excluyendo los de nuestros lindes y extremas, recordamos el de Berlín, el de la vergüenza, el de las lamentaciones. Recientemente, el de Melilla y el de Gaza. Pero de súbito, en Ourense, aparece la sorpresa. Junto al río Miño se construyó, en tiempo récord y rodeado del más estricto secreto y ocultación, un muro de lo más singular que imaginar se pueda uno. En cifras: 856 jaulas de cien toneladas de peso cada una, aprisionando cientos de cascotes, pedruscos, restos de cantera y mil cantazos. Colocadas en hileras de tres en fondo, a lo largo de 1.700 metros, amparando y tapando el lenguaje de los grafiteros que en fiel exposición exhibían su arte bajo el paseo del puente viejo, a modo de mural. ¡Guerra a los grafitos! Vaya invento: no sólo se han conseguido tapar las maquiavélicas carantoñas y muecas del esperpento sino que el contenido de las jaulas impide cualquier intento de reconstruir las caretas y su absurda gesticulación. Todavía está sin inaugurar y no sabemos si tal evento de producirá o bien ¡fuera alarmas! La colocación de tantas jaulas obedece a parapetar y fortificar la salida hacia Monforte. Que el río, lamiendo sus pies constante y diariamente, reblandecía sus pilares. Todo un éxito la obra de los 16 millones de pedruscos. Limpitos, frescos y relucientes.