DIAGONAL | O |
21 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.NOS abrimos las venas, metafóricamente, oiga, que tampoco anda el personal tan sobrao , con cada oleada de incendios. Y congelamos la conciencia tan pronto las aguas, ooooh, vuelven a su cauce. Y nos avergonzamos de los que mandan cuando, como ahora, es la propia naturaleza la que hace gala de sus mecanismos de defensa, léase lluvia, para dejarlos en evidencia. Aparece en esto una comunidad vecinal que propone colgar, o algo así, a un casi recién llegado, a quien consideran responsable de varios fuegos. Por si no fuera suficiente con la fiscalía y la Xunta, alcalde y presidente de la Diputación se apuntan a la cruzada contra el presunto incendiario, que, a priori y sin prejuzgar, hasta puede ser un enfermo en vez de un delincuente. ¿Ágiles los políticos? si; ¿oportunistas? también. ¿Que deberían preocuparse de asumir sus propias competencias? Pues claro, pero ahora toca destacar que una comunidad tome la iniciativa. Como si, egoísmos entre paréntesis, se aceptase que quien juega con fuego, donde y cuando no debe, y al margen de sus intenciones, es un delincuente. Y que, en vez de protegerlo, pobriño, hay que desenmascararlo. Como al que pega a su padre. O roba.