A CORREDEIRA | O |
10 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.SE muere sólo quien se muere, pero algunas muertes, no demasiadas, se sienten de corazón, tanto como las de un familiar y, a veces, más. Por ejemplo la de Alejandrito, siempre fue Alejandrito, López Outeiriño. Bajo esa capa hosca tan típica de los Outeiriño latía una humanidad efectiva, no efectista, y por ello hurtada a los meros conocidos. Yo crecí en el periodismo a los pechos de Alejandrito y de Julio V. Gimeno, los dos, más que compañeros y mentores, amigos entrañables, pese a separarnos la distancia de una generación. Luego nos fuimos los dos a Ferrol, para abrir un nuevo diario en una ciudad que llevaba treinta años sin tenerlo. Él, director, y yo, redactor jefe. Regresó Alejandrito a Ourense y en seguida aceptó ser delegado de la edición aérea en París. Un salto espectacular para un tímido, aunque lo superó bajo la cariñosa resolución de Rocío, quien se afanaba en atender a su marido y al joven periodista, y amigo común, Ramón Luis Acuña. De vuelta a nuestra ciudad Alejandrito se convirtió en redactor jefe de La Región y en este periódico, donde la había iniciado, terminó su carrera profesional. Alejandrito era un periodista total, de los que ya no quedan. Preciso, equilibrado y, sobre todo, extremadamente rápido, cogía un folio, lo metía en la Underwood , o en la Lexicon 80 , y bordaba la encomienda. Su especialidad no obstante -si entonces se podía hablar de especialidades- era el deporte, el fútbol, como siempre, nuestra Orensana y más tarde C.D. Orense, el único equipo de la historia que ganó 30 partidos de liga seguidos. Arquero profesaba al mismo tiempo un incondicional madridismo, pasión que no compartía con un culé no menos incondicional como yo. Por lo demás, y sin ánimo de caer en el sentimentalismo, ¿qué puedo decirles?. Amigo de por vida de su yerno Juan José Quevedo y de su mujer Rosa, la mía y yo también tuvimos, tenemos y tendremos una relación apretada con toda la familia, desde la queridísima Rocío madre, hasta su hija del mismo nombre, el nunca olvidado Chiqui y el cuarto hijo, aunque no biológico, Moncho. En cuanto a Alejandrito, a estas horas debe de estar resolviendo el último jeroglífico, elmásdifícil...