LO que está claro es que nadie nace aprendido. Seguir dividiendo las tareas del hogar entre las que son de hombres y las que son de mujeres se antoja a estas alturas un poco caduco. Ni sé planchar ni sé cocinar, tampoco he utilizado nunca el taladro ni he cambiado un enchufe. Aplaudo cualquier tipo de iniciativa encaminada a aprender, a hacer la vida más llevadera, pero cuando se habla de igualdad y de educación en el siglo XXI, hablar de enchufes, ruedas, mando del televisor, taladros, plancha y cocina, en lugar de oportunidad laboral, respeto y salarios, por mucho de que se trate de un guiño humorístico, no parece el mejor camino.