Café de redacción | Emilio Atrio Abad A Emilio Atrio le toca ser la cabeza visible de la Universidad de Vigo en la sociedad y en las instituciones. Sabe que debe contar con ellas para cumplir su función
13 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Es el primer ourensano que ocupa el puesto de presidente del Consejo Social de la Universidad de Vigo. En realidad, es el primer ourensano que llega a un puesto de verdadera responsabilidad dentro de la Universidad Sur. Aunque él dice que el cargo es sólo honorífico, por sus manos pasan asuntos tan importantes como los presupuestos, la programación plurianual, la propuesta a la Xunta de creación de nuevas facultades o escuelas y la fijación de las tasas académicas. Casi nada. A los 71 años, y con una larga y reconocida trayectoria profesional en el ámbito de la abogacía -dice que es su verdadera pasión-, Emilio Atrio ha decidido subirse a un nuevo tren y ser la cabeza visible de la institución académica del sur en la sociedad. No sólo en la de Ourense, sino en la de las tres ciudades donde está representada. Tiene intención de que su presencia sirva para acercarla a la universidad, pero aún tiene que cocinar la poción perfecta para que su deseo se haga realidad. Quizás si le volvieran a hacer la proposición hoy mismo, diría que no. «Cuando acepté el cargo aún no había leído la ley que rige el Consello Social, sino, no lo hubiera aceptado. Conlleva muchas obligaciones», argumenta. Mientras tanto, prefiere tirar hacia delante y ya tiene una imagen clara de cómo funcionan las cosas en el campus. «Lo que brilla es la armonía», afirma, echando por tierra las viejas disputas segregacionistas: «Ourense no tiene posibilidad de sustentar una universidad propia, no tiene como mantenerla. Es algo inviable desde el punto de vista económico». Discriminación Es consciente, sin embargo, de que en la capital existe un cierto sentimiento de «hermana pequeña» respecto a Vigo. «Cuando vi el campus de la ciudad olívica me quedé anonadado, pero es que Vigo tiene una población de 300.000 habitantes, y eso no se puede comparar. Aquí tenemos un «campitus» que se irá engrandeciendo a medida que se creen nuevas necesidades, pero no va a ser menos que ningún otro». Tampoco le preocupa la progresiva reducción de alumnos, «las cifras han bajado también mucho en Santiago», dice.