Perfil | Emilio Atrio Abad El presidente del Consejo Social de la Universidad se asoma a su nuevo puesto con ganas de aportar novedades, sin cuestionar cómo se hacen las cosas desde dentro
13 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?os meses al frente del Consejo Social son poco tiempo y Emilio Atrio lo sabe. No le duelen prendas al decir públicamente que no se siente responsable de los problemas que muchos ven en el campus local. Tampoco le importa tener que leer en un papel para contestar a cuáles son las funciones del órgano que preside. A él lo nombro Manuel Fraga y eso ya es bastante. Como buen abogado, tiene siempre el mejor argumento y su defensa del entorno académico local es inmejorable, aunque habría que ver si convence al escéptico jurado ourensano. Dice y repite, quizás demasiado, que no tiene ninguna aspiración política. Que pudo llegar lejos en este ámbito y nunca quiso. Sin intereses políticos ni compensación económica -el cargo que tiene no está remunerado- parece inevitable pensar que sea cierta vanidad la que lo mueve a querer estar siempre en la palestra. De los juzgados a las reuniones en la universidad y de ahí a los actos sociales. Tiene 71 años y sigue siendo una persona incansable. Adicto al trabajo, como él mismo dice. Quizás sean precisamente esas aptitudes, unidas a su tesón e inteligencia, las que le hacen el candidato perfecto para ocupar el puesto para el que fue recomendado desde la clase política. Le queda por delante la difícil tarea de implicar la universidad en la sociedad y viceversa. En sus manos está la búsqueda de nuevos fondos económicos para que los licenciados ourensanos tengan un futuro mejor. Su papel será importante, pero no duda, por si no consigue su objetivo, en curarse desde ahora en salud y dejar bien claro que «quien manda es el rector, yo sólo puedo colaborar». En eso tiene razón. Sabe que no es quien para poner nada en entredicho, pero tampoco es esa su intención.