Sólo uno de los dieciséis acusados que ayer compartieron el peculiar banquillo en el aula magna de Derecho, habilitada como escenario de este juicio, admitió un proceder delictivo. Mostró, además, grandes dotes de comunicación. Se desenvolvió con el micrófono en la mano con gran soltura. Las esposas le estorbaban lo justo. Basilio Janeiro Llamazares, autor de la muerte de José Manuel Carnero, Rambo , en noviembre del 2002, («¿qué iba a hacer: dejar que me matara a mi?») estuvo a la altura, en un juicio que ha despertado una gran expectación, tanto por el número de acusados, abogados y testigos, más propio de un macrojuicio tipo al estilo Audiencia Nacional, como por las circunstancias que rodean al caso. La declaración de Janeiro Llamazares, compañero sentimental de quien la fiscalía considera que es la principal responsable y cerebro de la trama, Josefa Pérez, Pucha , ofreció los momentos de máxima tensión durante la mañana, sin que faltasen las llamadas al orden por parte del presidente, ni la amenaza expresa de expulsión, que no llegó a consumarse. Se despachó a gusto contra José Manuel Carnero, a quien señaló como el traficante de verdad. Él sólo era un correo suyo. «He sido un ladrón toda mi puta vida» afirmó. Toxicómano, «consumía hasta veinte gramos de cocaína al día». No se contentó con acusar al muerto, sino que hizo extensivas sus imputaciones a la compañera sentimental del fallecido. «Me utilizaron, soy el cabeza de turco». «Prefiero robar a un camello antes que robar a su padre o a su madre» dijo en un momento, en alusión a una supuesta deuda con Carnero. Y entonces, al percibir el alborozo que su respuesta había provocado, se volvió al público, con maneras que bien podían servir para algún programa e televisión: «¿o no?», preguntó. La respuesta no pasó del murmullo.