En directo | La lenta agonía de las aldeas Eladio González es un jubilado de 68 años, único habitante del pueblo situado en las montañas ourensanas, que refleja el ejemplo de la despoblación y el éxodo rural
10 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Huele a hierba recién cortada y en el pueblo de Zerniza la quietud se rompe por el ruido de un coche forastero. Zerniza es de esas localidades situadas en el temido corredor de la muerte por el éxodo rural. Allí, a una altitud cercana a los 900 metros, pertenecientes al partido judicial de Trives, vive hoy una sola persona. Eladio González Domínguez, a sus 68 años, es un jubilado solterón curtido en mil batallas. Pero, no sale de su asombro al sentirse centro de la noticia, por ser un ejemplo de la despoblación de las aldeas de Galicia. Zerniza tenía en la década de los cincuenta un centenar de vecinos y el bullicio de sus calles se apelotonan como recuerdos en la mente de Eladio. Él fue uno de tantos gallegos que tuvieron que coger la maleta y emigrar a la Francia de De Gaulle. Conoció la movida estudiantil de los sesenta, y diez años después se fue para Barcelona. Al final, ya con la paga del Estado, como buen gallego, retornó a sus orígenes, a su Zerniza del alma. Algo de melancolía Dice el único habitante de esta aldea del municipio de San Xoán de Río, -estos días en el centro del huracán político-, que no se siente para nada apenado por la soledad. Está en su tierra, pero sus palabras rezuman melancolía al comprobar, en carne propia, que el pueblo va cada vez a menos y se encuentra en las últimas. En enero pasado murió una tía con la que vivía. El hecho de vivir sólo en un buen pueblo, como es Zerniza, con buenas casas de visible poderío económico, tiene sus ventajas. No podía faltar la socarronería del típico gallego, la del protagonista de esta historia: «así, o estar solo, nunca se menten conmigo, e ademáis, non riño con nadie». Zerniza no tiene problemas de comunicación por carretera, pero hay inviernos que la nieve castiga, y cuando eso pasa, no hay miedo. Los congeladores están llenos de comida. «E que chova», sentencia Eladio. La radio y la televisión es su compañera de vida. Por las noches largas de soledad, en ellas encuentra refugio. Su problema con la vista le impide, como le gustaría, leer a diario el periódico. En el pueblo es un magnate, puesto que es propietario de varias manzanas de casas. Una de ellas es de las que uno se coloca delante y se queda con la boca abierta. Es un casón de los tatarabuelos de Eladio, en la que aparece una inscripción de 1804, que reseña una reforma de la vivienda. Hoy, esa casa sería las delicias de un negocio de turismo rural. Eladio asegura que ya le tentaron para comprar la casa, pero claro, no pagaban al contado. El vecino cree que si hubiera alguien emprendedor, daría vida a los pueblos que se mueren. La situación de Zerniza es un ejemplo del cáncer poblacional de muchas concellos de alta montaña, en donde los jóvenes emigran, quedan los jubilados y no nacen niños para favorecer los asentamientos.