Universitarios con boina

Marta Vázquez Fernández
Marta Vázquez OURENSE

OURENSE

MIGUEL VILLAR

Reportaje | Los estudiantes del campus de Ourense desprecian los cursos en el extranjero Una treintena de alumnos ha optado a las sesenta becas Erasmus que se ofertaneste curso

25 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?l provincianismo ourensano no es sólo cosa de mayores. El escaso interés por conocer otras culturas y salir de los límites geográficos locales impregna fatalmente a una buena parte de la sociedad. Tanto que incluso llega hasta los universitarios. Prueba más que clarificadora de ello son los datos sobre el número de estudiantes que se interesan por aprovechar la oportunidad de estudiar durante algunos meses en universidades extranjeras. Si ya la oferta es escasa, mucho más que la que existe en otros campus que habitualmente resultan más favorecidos en casi todos los aspectos, como lo es Vigo, mucho más decepcionante resulta el hecho de que la mitad de esas plazas queden vacantes por el hecho de que los estudiantes no las demandan. Poco parece importar a los jóvenes aquello de que viajar es una inmejorable fuente de conocimiento, no sólo de un nuevo idioma, sino también de otros muchos aspectos que no siempre se encuentran en los libros. La oportunidad de realizar sus estudios durante algunos meses en países como Finlandia, Alemania, Portugal, Francia, Italia o Reino Unido, no despierta el interés de unos universitarios a los que pocas iniciativas parecen seducir. Y el problema no es económico. Todos los becarios del campus de Ourense del programa Erasmus de movilidad estudiantil, reciben una cantidad económica desde la Universidad de Vigo que les compensa la matrícula y la diferencia respecto al nivel de vida entre España y el país al que se desplacen. Además, los estudiantes tienen la posibilidad de optar a otro tipo de ayudas procedentes de la Xunta, lo que en muchos casos puede suponer que se consigan subvenciones mensuales superiores a los 610 euros. Y no se puede olvidar que disfrutar de una beca de este tipo no supone obtener unas vacaciones pagadas en el extranjero, sino simplemente contar con una oportunidad única de ampliar los conocimientos propios. Visto esto parece ser, una vez más, la mentalidad provinciana la que provoca que sólo 31 estudiantes, de un total de 6.817 que están matriculados en el campus local, hayan optado por realizar una parte de su carrera en una universidad foránea. Invariable Y el problema no es de hoy. De hecho, el número de plazas se ha ido reduciendo en las últimas convocatorias, por la escasa demanda que afecta como mal endémico al campus local. Si hace dos años el número de posibilidades Erasmus superaba las ochenta, para el curso próximo tan sólo se han programado sesenta y dos. Lo que permanece invariable, como la misma realidad provincial, es el número de alumnos que superan la tendencia general y se animan a viajar. Nunca más de treinta y dos. La cifra resulta ridícula si se compara con lo disputadas que están en otras universidades, incluso en otros campus de la misma titularidad, este tipo de plazas. El ejemplo más cercano, y sangrante, está en Vigo. Más de trescientos estudiantes de este campus tienen ya programado desplazarse a alguna facultad europea durante el periodo lectivo 2003-04. Allí la oferta no sólo resulta atractiva para los alumnos, sino que en algunos casos se queda incluso corta para cubrir la demanda. Aunque el centenar de kilómetros que separa Ourense y Vigo no parece distancia suficiente para que se generen diferencias extremas, la realidad va más allá y demuestra que se trata de una separación suficiente para que los universitarios sean dos caras de la moneda. El efecto de la boina no se cura con la autovía.