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24 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EN LAS páginas locales de este periódico del pasado viernes, se señalaba una conducta aberrante de protesta ciudadana. Se apuntaba a que la Rua Capitán Eloy tiene a la altura del Paseo tachado en negro su nombre; y, debajo de la tachadura, se lee el graffiti: «Comando Burundi». Es un estilo de protesta que recuerda las pintadas de los retretes públicos antiguos de estaciones de tren o colegios. Pero, como dijo un personaje conocido de la transición española a la democracia, «en una sociedad democrática es también democrático protestar democráticamente». En la antigua Roma se colocaban como escritos satíricos en las llamadas «estatuas parlantes». Una de ellas, era la de un personaje llamado Pasquino, que todavía se contempla en el centro histórico romano y dio lugar al nombre de «pasquín», aplicado modernamente al escrito anónimo colocado en lugares públicos que contiene una crítica. Temían a esas estatuas hasta los Césares. El caso es que el siguiente lunes aparecieron en la prensa local ourensana dos noticias de peticiones ciudadanas, de las que podría aprender mucho el anónimo inconformista de la pintada descrita. Se referían al congreso nacional de viudas de toda España celebrado en nuestra ciudad «con múltiples reivindicaciones» -de cuatrocientas mil asociadas-, como señalaba este periódico, y, también, a la petición extra judicial de indulto de un guardia civil vecino de San Cristobo de Cea. Las viudas pedían un casi imposible, la subida de su pensión al 70% de la cotización del cónyuge fallecido, y los familiares y amigos del guardia civil, a su vez, un imposible judicial, ante el Ministerio de Justicia: su indulto, una vez agotada ya irremisiblemente la vía judicial. Unas y otros pedían pacífica y educadamente. Esto es, democráticamente.