En Directo | Toma de posesión de la corporación ourensana Los concejales se convirtieron en respresentantes de los ciudadanos en una sesión caracterizada por la formalidad y la ilusión, sobre todo reflejada en los 16 que accedían al salón de plenos por primera vez
14 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?gentes de la Policía Local vestidos de gala y alguaciles convertidos en maceros custodiaban el salón de plenos. El Concello de Ourense vivió ayer por la mañana el estreno de la nueva corporación municipal, una ceremonia que el sistema democrático ordena cada cuatro años. Los primeros ediles en tomar asiento fueron los del PP, después los del BNG y por último, los del PSOE. Los gestos de cierto nerviosismo de los 16 nuevos concejales contrastaba con la experiencia de los 11 restantes. Conscientes de la celebración, la totalidad optan por la vestimenta formal. Los siete representantes del Bloque portan en su mano una rosa blanca envuelta en celofán enlazado con la bandera gallega y una postal con el rostro del galleguista Alexandre Bóveda, del que se celebra el centenario de su nacimiento. El pleno se constituye con la mesa de edad, formada por el concejal Francisco Muñoz Seguín (PP), que supera los sesenta años y la más joven, María González Albert (BNG), que anda por los 26. Son los primeros en asumir su nueva condición. Después, los demás. Juran los populares y prometen socialistas y nacionalistas, aunque alguna hace una adaptación libre del formulismo, caso de concejala del Bloque, Isabel Pérez, que promete su cargo «pola memoria de Castelao e Alexandre Bóveda». Familiares Los 27 nuevos ediles asumieron su compromiso público en una sesión envuelta en la formalidad. Contaron para la ocasión con el apoyo de familiares y amigos, todos ellos en el palco destinado al público, salvo los padres y esposa del candidato del PP, Manuel Cabezas, que tenían asiento reservado en el salón de plenos. Ada Arroyo, se ganó por méritos miradas y comentarios. Apareció vestida con traje regional gallego que no dejó indiferente a nadie, ni siquiera a su marido. A la sesión no le faltaron las anécdotas. Algún concejal del PSOE acudió sin bolígrafo para escribir su voto en el momento de elegir alcalde y otro tuvo que preguntar el segundo apellido de su jefe de filas, Francisco Rodríguez Fernández para poder votarle. O cuando se le tomó juramento y se le acercó la urna al escaño de Vicente David Alonso, concejal del PP, aquejado de una minusvalía, para que ejerciese sus nuevos derechos. Fue el pleno de ayer, en definitiva, como la celebración del día de la puesta de largo.