TEMAS DO PAÍS JERÓNIMO MARTEL | O |
10 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL BUZÓN de quejas de este periódico y estas mismas páginas trajeron a cuenta del pasado fin de semana una fotografía de la fuente de la céntrica praza do Ferro de nuestra ciudad, donde se veía flotar sobre el agua del monumento un conjunto de desperdicios -botellas de plástico, botes de lata, papeles de envolturas diversas, etc.-. Y, ya en el pie de foto, con referencia a los autores del desaguisado, se concluía: «Son simplemente maleducados inconscientes y lo que ven en la foto de la praza do Ferro, en la capital ourensana, es la huella de su paso este fin de semana». Penoso paso y lamentable huella, no de vándalos y quizá ni siquiera de gamberros, sino, simplemente, de personas carentes de algo tan simple como lo que antiguamente se llamaba urbanidad y hoy y siempre se llamará educación. Esto, por otra parte, ocurre paralelamente al desarrollo de nuestra 19 edición de la feria del libro, lo que demuestra la necesidad de estas convocatorias, en estos nuestros pagos. Se explica lo que decía, en su momento, Francisco Ayala: «El libro ha de salir a la calle y buscar al lector». ¡Cúanto lector potencial debe haber de aquellos libros de urbanidad de los viejos tiempos, no demasiado lejanos, por otra parte! Y ¡cómo dejan hoy por hoy nuestras calles! Habría que volver a educar a los niños desde pequeños en el respeto de las personas y las cosas. La Feria del Libro está dedicando a las pequeños sesiones diarias de contacontos y O tren da lingua de Caixanova les contará cuentos en un viaje entre Ourense y Monforte de ida y vuelta. Algo así habría que hacer para eso otro. Si por el grosor del polvo en los lomos de los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura -o la incultura- de un pueblo, como aseveraba John Steinbeck, también cabría medir esa cultura o incultura por el espesor de los desperdicios abandonados inconscientemente en la calle. En Singapur, uno de los llamados «tigres asáticos» en el lenguaje financiero, es fama que nadie tira un simple papel a la calle, so pena de una multa imposible. Le llaman, tal vez por eso, «La Suiza asiática».