Habla tanto con la boca como con las manos. Utiliza un tono monocorde que rara vez se eleva y mira por encima de las gafas cuando hace falta. No se moja, porque tiene recursos
24 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Tiene aire de despistado. Lo es, siempre y cuando no afecte a su profesión y por lo que se deduce de sus palabras, su auténtica pasión. Extremadamente educado (la mano de Marcelino Champagnat, fundador de los Maristas, colegio en el que se formó, se le nota), solo eleva el tono cuando cree que se está demonizando en exceso a O Ribeiro, palabra que repite con insistencia, hasta la saciedad, o para defender su gran proyecto: la comercialización del tostado. Habla con las manos, gesticula constantemente y convierte a una cucharilla en su atormentada compañera de café cuando intuye que se le puede estar cuestionando. No elude ninguna pregunta. Si no le gusta alguna mira con recelo por encima de las gafas y juega con la alianza de su mano derecha. No importa, no se moja. Sabe salir de cualquier situación, es un hombre de recursos y en caso de riesgo apela a sus amplios conocimientos, -eso sí, sin aires de repelente niño Vicente ni de Pitagorín-, o contesta sin decir nada. Una habilidad difícil de conseguir en la vida y que en O Ribeiro se transforma en una auténtica virtud. Consciente de que no todo es vino, incorpora a conceptos tan farragosos como economía de mercado, comercialización o contratos homologados, los de rutas turísticas en contacto con los balnearios de la comarca o la Festa da Istoria. Habla de la celebración de la festa da Vendimia para acercar un producto, el vino, sobre el que la Cooperativa Vitivinícola de O Ribeiro marca la pauta de la denominación, a los consumidores. Esta posición de mercado es una ventaja o una rémora, según se tenga que responder de éxitos o de fracasos, que de todo hay. Sí tiene claro que en tiempos de pocas alegrías, acertar en la relación calidad precio es el objetivo.