El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
DIAGONAL | O |
19 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.IMPRESIONADA SE habrá ido Gemma Ruiz de Álvarez Cascos, la esposa del ministro de Fomento, a quien ayer prepararon un lindo paseo por la ciudad, acorde con los tiempos de modernidad. Nada de mojar las manos en As Burgas, admirar los pelos del Santo Cristo, o pasmar con los conceptos de ingeniería que los romanos legaron a media Europa. (Mira qué cosas: ya estábamos aquí, antes de que existiese la denominación de origen Ribera del Duero y el Hotel Glam). Entre el café y la caña, Gemma Ruiz paseó con un grupo de señoras. Populares, claro. Le enseñaron, según cuentan quienes con ellas anduvieron, la leiteira y el carrabouxo, que son, como cualquier peatón sabe, el gran legado del PP al reverdecer de la ciudad. Los mensajes van calando. Hay recursos y cintura. Y si Ánsar pinta siempre un mundo a la deriva que, oh, gracias, empezó a enderezar el rumbo con su llegada a Moncloa, aquí no se andan por las ramas: Ourense no existía antes de que llegasen con la misión de salvarnos. Antes, el vacío, la nada; después, si nos despistamos, el caos. ¿Cómo no se les habrá ocurrido llevarla a la pasarela Ponte Vella? Cachis, qué olvido. Imperdonable.