TIERRA ADENTRO | O |
07 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EN ESTADO permanente de pasmo. Así nos encontramos. Aturdidos por el inusitado don de ubicuidad de nuestros políticos; atravesados por su verbo ágil, colapsados por su fragil cintura, imbuídos su sonrisa oblícua y por sus méritos sobrados para presentar cursos y recursos, hacer y desfacer entuertos como si nada y mirarnos a todos al mismo tiempo a los ojos. Tan ricamente. Y mientras los retratan. Lo malo de estos estados de pasmo esque nos pillan, inevitablemente, con el pie cambiado. De forma que, ahora que nos habíamos hecho a la idea de que las campañas electorales son un pestazo, nos llega una precampaña criminal que nos desborda los ánimos. O, de modo que ahora que nos habíamos hecho a la idea de que podía haber un PSOE sin Salgueiro, llega Salgueiro, sentencia bajo el brazo, y desmantela la tesis de un plumazo. Claro que en Ourense pasan cosas singulares. Incluso antes o después de las campañas electorales. Así se explica que, por ejemplo, las encuestas nunca ganen frente a unos políticos de raza que convierten manifestaciones multitudinarias contra su gestión en votos favorables. El puro pasmo, vamos.