La causa de los muertos

Pepe Seoane OURENSE

OURENSE

PILI PROL

Las defensas de un caso de falsedad y estafa en A Rúa, con un acusado ya finado, desvían parte de la responsabilidad a una tercera persona, también fallecida

13 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El juicio por un caso de supuesta estafa en el Banco Pastor de A Rúa, que ayer y anteayer sentó en el banquillo de la Audiencia al ex director de la oficina y a un segundo acusado, (cómplice del anterior, de acuerdo con la interpretación que hace la Fiscalía y la propia entidad de crédito), se cerró con una sucesión de referencias a dos fallecidos. Uno de ellos, imputado en el mismo asunto; el segundo, inicialmente ajeno, tendría en la trama una importante participación, según ahora pusieron de relieve los acusados, si bien durante la fase de instrucción sumarial nada se había sabido de él. Ésta, según gráficamente expresó uno de los defensores, es «la causa de los muertos»: dos y con diferente grado de participación. La fiscal y el representante del Banco Pastor no variaron ni un ápice su posición a la hora de reafirmar la acusación contra Rafael Ares, el ex empleado de la entidad de crédito, y contra Juan Valenzuela, a quien resposabilizan de haber puesto en circulación tres letras de cambio, cuyo cobro anticipó. Estos dos acusados y un tercero fallecido, José Antonio Iglesias Fernández, estarían de acuerdo en su proceder, desarrollado en el mes de julio de 1995, poniendo en circulación pagarés y letras de cambio que no respondían a operación comercial alguna, sino que eran ficticias y tenían como fin la obtención de liquidez. Consiguieron así algo más de cuarenta millones de pesetas. Mediador La vista oral del caso trajo como novedad la aparición de un nuevo protagonista, José Luis Valcarcel, fallecido ex director de otra oficina bancaria en A Rúa, que fue quien, según los abogados defendores, medió en las operaciones cuyo fin sería la adquisición de una cartera de seguros. El empleado del Banco Pastor daría luz verde a las operaciones por la garantía que Valcalcel le ofrecía, mientras que el otro acusado, Juan Valenzuela, seguiría sus indicaciones al pie de la letra, habiéndole entregado incluso los quince millones de pesetas que efectivamente cobró gracias a unas letras de cambio que firmó sin saber de qué se trataba. O eso dijo. Uno de los soportes de la acusación para mantenerla ha sido la declaración que en su día prestó el tercer acusado, el fallecido José Antonio Iglesias Fernández, admitiendo la complicidad entre los tres acusados. Su testimonio es, para la acusación, perfectamente válido, subrayando que, al haber muerto, no tuvo ocasión de cambiar la versión en el juicio, como sí hizo Juan Valenzuela. La interpretación de los abogados defensores es distinta. Para el letrado del ex director de la sucursal, éste se limitó a cumplir su obligación, sin haber obtenido lucro ni beneficio alguno. Ni un duro. El defensor del segundo acusado, por su parte, afirmó de forma rotunda que «el muerto mintió para defenderse». Es decir, que no hubo trama alguna, que el supuesto triángulo nunca existió y que, ya puestos, el otro muerto, José Luis Valcárcel, fue quien se quedó con el dinero. Como está fallecido, había dicho antes la fiscal en su informe, «nada puede decir» para desmontar las nuevas imputaciones. Sea cual fuere el protagonismo de los fallecidos, la representante del ministerio público reafirmó su petición de condena, de seis años de prisión para cada uno. El Banco Pastor la eleva, sobre todo en el caso de su ex empleado, mientras que los defensores piden la absolución, matizada en el caso de Juan Valenzuela con una petición alternativa de seis meses y un día por falsedad e idéntica pena por el delito de estafa. Atrás queda, para completar el panorama, un supuestamente fallido intento de colocar a una persona autorizada en la cuenta de un emigrante, residente en Barcelona, solo y sin familia, con sesenta millones de pesetas en efectivo. Esta acción, de todos modos, no llegó a cuajar al detectar los jurídicos del banco que hacía falta un poder notarial. El tribunal dirá.